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Sumar mueve la línea roja de la corrupción para blindar a Sánchez: “Hasta que no haya nadie imputado en este Gobierno, vamos a seguir”

Tesh Sidi, diputada de Más Madrid en el grupo plurinacional, deja claro en laSexta que los socios del Ejecutivo no romperán con Pedro Sánchez pese a la condena de Ábalos por el caso Koldo.

Tesh Sidi en Al Rojo Vivo

Tesh Sidi en Al Rojo Vivo

Luis Sordo
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Sumar ha encontrado una nueva fórmula para sostener a Pedro Sánchez incluso cuando la corrupción golpea de lleno al corazón político del sanchismo. Tesh Sidi, diputada de Más Madrid integrada en el grupo plurinacional, dejó clara en Al Rojo Vivo cuál es ahora la línea roja de los socios del Gobierno: “Hasta que no haya nadie imputado en este Gobierno, vamos a seguir en él mejorando la vida de la gente”.

La frase no es menor. No llega en mitad de una polémica secundaria ni de una bronca parlamentaria más. Llega después de que el Tribunal Supremo haya condenado a José Luis Ábalos a 24 años y tres meses de prisión por el caso Koldo, la trama de las mascarillas que ha terminado señalando a uno de los hombres más poderosos del primer sanchismo. También Koldo García, exasesor del exministro, ha recibido una dura condena, mientras que Víctor de Aldama ha evitado una pena mayor gracias a su colaboración con la Justicia.

Pero ni siquiera ese terremoto judicial parece suficiente para que los socios de Sánchez se muevan un centímetro. La tesis de Sidi es sencilla: mientras no haya un miembro del Gobierno actual imputado, el Ejecutivo sigue siendo defendible. O, dicho de otra manera, Ábalos ya no cuenta porque Sánchez lo dejó caer a tiempo.

La nueva frontera moral: que el imputado siga sentado en el Consejo de Ministros

Sumar ha decidido elevar el listón de la exigencia hasta un punto cómodo para Moncloa. Ya no basta con que un exministro de Sánchez haya sido condenado. Ya no basta con que el caso Koldo haya sacudido al PSOE, al Ministerio de Transportes y al núcleo de poder de la etapa más dura de la pandemia. Ya no basta con que la oposición hable de una trama que afecta al corazón político del sanchismo.

La frontera, según Sidi, está en otra parte: que haya alguien imputado dentro del Gobierno actual. Mientras eso no ocurra, seguirán “mejorando la vida de la gente”.

El mensaje tiene una carga política evidente. Sirve para blindar a Sánchez, para encapsular el caso Ábalos como si fuera una historia del pasado y para evitar que la corrupción que ya ha llegado al Supremo tenga consecuencias parlamentarias. La portavoz de Más Madrid admitió que el PSOE debe “limpiar muy bien” y “dar muchas explicaciones”, pero a renglón seguido dejó claro que esas explicaciones no implican retirar el apoyo.

En Moncloa, la música suena a alivio. Los socios pueden protestar, indignarse, pedir regeneración y hasta poner cara de disgusto en televisión. Pero cuando llega la hora de votar, Sánchez sigue teniendo colchón.

Del “caso Bárcenas” al “caso Koldo”: el doble rasero de siempre

La comparación con el caso Bárcenas resulta inevitable. Durante años, la izquierda convirtió la caja B del PP y la trama Gürtel en el gran argumento moral contra Mariano Rajoy y contra toda la derecha. No bastaban las explicaciones, no bastaban las distancias orgánicas ni los matices jurídicos. La corrupción del entorno del PP era presentada como una mancha estructural.

Ahora, cuando el Supremo condena a Ábalos, exministro de Transportes, exsecretario de Organización del PSOE y persona de máxima confianza de Pedro Sánchez, el discurso cambia. Ya no se habla de responsabilidades políticas en cadena, sino de responsabilidades individuales. Ya no se exige que el presidente asuma el coste de haber colocado y sostenido a quien fue uno de sus hombres fuertes. Ya no hay mociones de censura morales. Hay “mejorar la vida de la gente”.

La izquierda que pedía dimisiones por el caso Bárcenas ahora descubre la letra pequeña del Código Penal. Donde antes veía una trama que contaminaba a todo un partido, ahora ve episodios aislados, errores personales y necesidad de “limpiar”. Donde antes exigía responsabilidades políticas inmediatas, ahora pide esperar a que haya imputados en activo dentro del Ejecutivo.

Ábalos no era un cualquiera

El problema para Sánchez es que Ábalos no era un militante de base ni un cargo secundario. Fue ministro, secretario de Organización del PSOE y pieza clave en la llegada y consolidación del actual presidente. Fue, durante años, uno de los rostros más reconocibles del sanchismo y uno de los dirigentes con más poder interno en Ferraz.

Por eso la condena no puede despacharse como una anécdota judicial. El caso Koldo ha puesto negro sobre blanco una red de corrupción vinculada a contratos públicos en plena pandemia, con mascarillas, intermediarios, comisiones y favores. Y lo hace en un contexto en el que el Gobierno presume de regeneración democrática mientras acusa a jueces, periodistas y oposición de conspirar contra Moncloa.

La intervención de Tesh Sidi muestra hasta qué punto los socios de Sánchez han decidido resistir. Podrán criticar al PSOE en público, podrán exigir explicaciones, podrán denunciar que hay que “limpiar”. Pero el apoyo parlamentario, por ahora, sigue intacto.

El precio de sostener a Sánchez

La frase de la portavoz de Más Madrid resume la legislatura: todo es grave, pero nada es suficiente para romper con Sánchez. Ni la condena de Ábalos. Ni el caso Koldo. Ni la acumulación de investigaciones que rodean al PSOE. Ni el desgaste institucional provocado por una mayoría cada vez más dependiente de independentistas, nacionalistas y socios radicales.

El Gobierno se sostiene sobre una idea simple: aguantar. Aguantar la presión judicial, aguantar el desgaste político, aguantar los escándalos y confiar en que sus aliados no se atrevan a apretar el botón rojo.

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