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Hace tres años, Puigdemont se convertía en la llave de Sánchez para seguir en La Moncloa

Los siete diputados de Junts pasaban a ser decisivos tras el 23J y abrían una negociación que terminaría condicionando toda la legislatura.

Pedro Sánchez y Carles Puigdemont besándose en un grafiti en Barcelona

Pedro Sánchez y Carles Puigdemont besándose en un grafiti en Barcelona

Patricia Rodríguez Corchado

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El 27 de julio de 2023, apenas cuatro días después de las elecciones generales, Carles Puigdemont se convertía en una pieza imprescindible para el futuro político de Pedro Sánchez. El resultado del 23J había dejado un Congreso fragmentado y sin una mayoría clara, con el PSOE obligado a buscar el respaldo de los partidos independentistas para intentar conservar La Moncloa.

El PP de Alberto Núñez Feijóo había ganado las elecciones con 137 diputados, pero la suma con Vox y UPN no alcanzaba la mayoría absoluta. En el otro bloque, el PSOE, con 121 escaños, y Sumar, con 31, necesitaban reunir el apoyo de ERC, EH Bildu, PNV, BNG y Junts para construir una alternativa.

Los siete diputados de la formación de Puigdemont adquirieron entonces un peso decisivo. Sánchez necesitaba su voto favorable o, al menos, su abstención para superar una eventual investidura, lo que colocaba al expresidente catalán en el centro de la negociación pese a encontrarse fuera de España desde 2017.

Junts dejó claro desde el primer momento que no facilitaría gratuitamente la continuidad del Gobierno socialista. Entre sus principales exigencias figuraban la amnistía para los implicados en el procés y el reconocimiento del derecho de autodeterminación de Cataluña.

La aritmética parlamentaria situaba así el futuro de la Presidencia del Gobierno en manos de una formación independentista que había perdido apoyo electoral, pero que se encontraba en condiciones de decidir quién ocuparía La Moncloa.

Mientras Feijóo defendía su derecho a presentarse a la investidura como vencedor de las elecciones, Sánchez comenzaba a explorar una mayoría alternativa apoyada nuevamente en partidos nacionalistas e independentistas.

Aquel 27 de julio empezaba a consolidarse un escenario que marcaría los meses siguientes: Puigdemont había pasado de ser un actor apartado de la política nacional a convertirse en la llave necesaria para desbloquear la investidura y garantizar la continuidad de Sánchez.

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