La crisis de Ceuta estalla tras el giro de Sánchez hacia Argelia y en plena batalla con Marruecos por el Mundial 2030

La entrada masiva desde territorio marroquí se produce once días después de que el presidente reabriera la relación con el gran rival de Rabat y mientras ambos países compiten por albergar la final de 2030.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visita Argelia, 20 de julio de 2026 FERNANDO CALVO

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La entrada masiva de inmigrantes en Ceuta ha vuelto a poner a prueba la relación entre España y Marruecos en un momento especialmente delicado. La crisis fronteriza se ha producido apenas once días después del viaje oficial de Pedro Sánchez a Argelia, el principal rival político y diplomático de Rabat en el norte de África, y mientras ambos países mantienen abierta la pugna por acoger la final del Mundial de fútbol de 2030.

Las primeras estimaciones manejadas por el Gobierno sitúan en torno a 49.000 el número de personas que habrían cruzado desde Marruecos hacia Ceuta en aproximadamente 24 horas, una cifra todavía provisional y pendiente de depuración. Miles de ellas han permanecido en las calles de la ciudad autónoma, desbordando los recursos disponibles y obligando a reforzar el dispositivo de seguridad y asistencia.

La magnitud del movimiento migratorio ha reabierto las dudas sobre la cooperación fronteriza marroquí. Rabat niega que haya favorecido las entradas. La embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, aseguró que la situación no resulta satisfactoria para su país y afirmó que ambos gobiernos trabajan para conseguir el regreso de quienes cruzaron irregularmente.

El episodio, sin embargo, llega en un contexto de reajuste diplomático. El pasado 20 de julio, Sánchez viajó a Argel acompañado por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y por la vicepresidenta tercera, Sara Aagesen. Allí fue recibido por el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, con quien mantuvo una reunión bilateral en el Palacio de El Mouradia.

Sánchez recupera al rival de Marruecos

La visita pretendía cerrar varios años de tensiones entre España y Argelia, originadas después de que el Gobierno español respaldara en 2022 el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental como la propuesta más «seria, realista y creíble» para resolver el conflicto.

Sánchez presentó a Argelia como un «socio estratégico» y un «país amigo», y anunció la celebración en octubre de una Reunión de Alto Nivel entre los dos gobiernos. La nueva etapa contempla reforzar la cooperación energética, empresarial, antiterrorista y migratoria.

El acercamiento tiene una relevancia especial para Marruecos. Argelia es su principal adversario regional, mantiene cerrada la frontera terrestre entre ambos países y respalda al Frente Polisario frente a las aspiraciones marroquíes sobre el Sáhara Occidental.

Sánchez también planteó a las autoridades argelinas la necesidad de mejorar los mecanismos de repatriación para reducir la presión migratoria procedente de Argelia, especialmente sobre las Islas Baleares. Pocos días después, el principal problema migratorio para España se trasladó a Ceuta, con una llegada sin precedentes desde territorio marroquí.

El Ministerio de Asuntos Exteriores sostiene que la mejora de las relaciones con Argelia no perjudica los vínculos con Rabat y continúa calificando de «excelente» la cooperación con Marruecos.

La coincidencia temporal, no obstante, añade presión a una relación condicionada históricamente por el control migratorio, el Sáhara Occidental, la delimitación de las aguas territoriales y las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla.

La final de 2030, otra batalla abierta

A esta tensión diplomática se suma la competición por albergar la final del Mundial de 2030, organizado conjuntamente por España, Portugal y Marruecos. Aunque España contará con más sedes y aspira a ejercer como principal organizador, Rabat quiere que el encuentro decisivo se dispute en el futuro estadio Hassan II.

El recinto se construye en Benslimane, cerca de Casablanca, y tendrá una capacidad prevista de 115.000 espectadores. Marruecos lo promociona expresamente como su gran argumento frente al Santiago Bernabéu y al Camp Nou para conseguir la final.

El presidente de la Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, ha defendido públicamente que España albergará el último partido del campeonato. Sin embargo, la FIFA mantiene que la decisión todavía no está adoptada y que será el organismo internacional quien elija definitivamente la sede.

Marruecos apuesta por la capacidad del nuevo estadio, el número de localidades destinadas a empresas y autoridades y las inversiones en transportes e infraestructuras. También pretende utilizar el Mundial de Clubes de 2029 para demostrar que está preparado para organizar el principal partido del campeonato.

La crisis de Ceuta irrumpe así cuando Madrid y Rabat necesitan mantener una intensa coordinación para preparar el Mundial, pero también compiten por su mayor premio institucional y económico. Al mismo tiempo, Sánchez intenta reconstruir la relación con Argelia sin deteriorar los acuerdos alcanzados con Marruecos.

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El Gobierno insiste en que puede conservar buenas relaciones con los dos grandes rivales del Magreb. La llegada masiva a Ceuta vuelve a mostrar, sin embargo, la fragilidad de ese equilibrio y el peso que el control de la frontera continúa teniendo en las relaciones entre España y Marruecos.