Sánchez redescubre las fronteras: del "efecto llamada" a las barreras para frenar otro asalto a Ceuta
Moncloa insiste en atribuir la mayor crisis migratoria vivida en la ciudad autónoma a la nueva doctrina del Supremo sobre los rechazos en frontera y responde con una barrera neumática en el espigón del Tarajal. Mientras tanto, numerosos inmigrantes regresan temporalmente a Marruecos para comer, descansar y recuperar fuerzas y avisan: volverán a lanzarse al agua con destino a España.
Militares acompañan a migrantes en Ceuta hasta la frontera de El Tarajal IVÁN ZAMBRANO- EUROPA PRESS 01/8/2026
La última crisis migratoria de Ceuta ha obligado al Gobierno de Pedro Sánchez a tomar decisiones urgentes a toda velocidad. Después de atribuir la llegada masiva de inmigrantes a la reciente sentencia del Supremo sobre los rechazos en frontera, Moncloa ha terminado recurriendo a una solución tan antigua como evidente: levantar una barrera física para impedir que vuelvan a entrar.
La imagen resulta difícil de ignorar. A las 7:50 de este sábado comenzaron los trabajos para instalar una estructura neumática de 500 metros en el espigón del Tarajal. La acompañan una línea de boyas fondeadas por la Armada y un canal reservado para las embarcaciones de la Guardia Civil, que podrán vigilar permanentemente la instalación. El objetivo es volver a disponer de un elemento físico que permita realizar devoluciones inmediatas de quienes accedan irregularmente por mar, una posibilidad que quedó seriamente condicionada tras la interpretación fijada por el Supremo.
La reacción llega después de una de las mayores oleadas migratorias que se recuerdan en la ciudad autónoma. Según las cifras oficiales, entre 50.000 y 60.000 personas lograron alcanzar Ceuta desde el pasado jueves. El Ejecutivo sostiene que las mafias aprovecharon rápidamente la resolución judicial para difundir el mensaje de que cruzar a nado era ahora mucho más sencillo. La consecuencia fue un efecto llamada inmediato.
El Gobierno celebra que las entradas se hayan detenido y que la última madrugada haya transcurrido "con normalidad", pero sobre el terreno empieza a dibujarse otro escenario mucho más inquietante. Muchos de los inmigrantes que están regresando a Marruecos no lo hacen porque hayan desistido. Lo hacen porque piensan volver. Así lo recogen numerosos testimonios.
Ashraf, de 32 años, reconoce abiertamente que piensa esperar a que disminuya la presión migratoria para aumentar sus posibilidades de encontrar trabajo o continuar viaje hacia la Península. Otros sostienen que la avalancha de estos días responde también a una decisión política de Rabat. "Si Marruecos quiere, por la frontera no pasa ni un mosquito", resume uno de ellos.
Mientras tanto, el Gobierno defiende que el nuevo dispositivo ya está funcionando. Las entradas se han detenido, las devoluciones continúan y la barrera comienza a desplegarse sobre el mar. La verdadera prueba de fuego, sin embargo, llegará dentro de unos días.
Porque si quienes hoy regresan a Marruecos solo están descansando para volver a lanzarse al agua, el éxito de la nueva estrategia no dependerá de la longitud de la barrera ni del número de boyas instaladas. Dependerá de si logra frenar un efecto llamada que muchos de sus propios protagonistas aseguran que sigue plenamente vivo al otro lado de la frontera.