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Después de la 'valla hinchable', Interior improvisa una 'valla de obra' para frenar las entradas en Melilla

Interior protege un tramo vulnerable de la frontera con enrejados provisionales, más bajos y endebles que la valla habitual de Melilla.

Vallas de obra en Melilla

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Patricia Rodríguez Corchado

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La barrera hinchable desplegada por Interior en Ceuta no solo se limita a 500 metros de longitud, sino que ya ha sufrido su primer contratiempo apenas 48 horas después de entrar en funcionamiento. Uno de sus anclajes se desprendió y provocó que unos 50 metros de la línea de flotadores quedaran sueltos, obligando a intervenir a los operarios para reparar el dispositivo.

Interior aseguró que la incidencia fue menor, que la red submarina permaneció intacta y que el sistema volvió a quedar plenamente operativo. Sin embargo, el episodio ha alimentado las dudas sobre la resistencia de una infraestructura presentada como una de las principales respuestas del Gobierno ante las entradas irregulares por mar.

Después de ese primer “pinchazo” en la barrera flotante de Ceuta, el Ministerio que dirige Fernando Grande-Marlaska ha recurrido ahora a una solución todavía más rudimentaria en Melilla: vallas metálicas similares a las utilizadas habitualmente para delimitar una obra.

Los enrejados se están colocando en el tramo final del dique sur, la zona que separa la ciudad autónoma del puerto marroquí de Nador y que constituye uno de los puntos de contacto entre la frontera terrestre y la marítima.

La actuación cubre aproximadamente 140 metros que hasta ahora carecían de vallado y estaban protegidos únicamente por las escolleras. Las estructuras, de alrededor de dos metros de altura, parten desde la última garita de vigilancia de la Guardia Civil y llegan hasta la rotonda situada al final del dique.

Las nuevas vallas no presentan las mismas características que las instaladas en el perímetro fronterizo convencional de Melilla. Son más bajas, más finas y aparentemente menos robustas que las estructuras diseñadas específicamente para impedir entradas irregulares.

Cuando trascendió la actuación, los trabajos todavía no habían concluido. En la zona permanecían materiales en el suelo, varios tramos estaban pendientes de rematar y faltaban barras superiores destinadas a reforzar el cercado.

Una barrera con finalidad jurídica

La instalación no pretende únicamente dificultar físicamente el acceso al dique. Su principal finalidad es crear un elemento de contención fronterizo que permita a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad aplicar el rechazo en frontera cuando una persona intente superar la estructura para entrar irregularmente en España.

El Gobierno trata así de adaptar sus actuaciones a la doctrina establecida por el Tribunal Supremo, según la cual el mar no puede considerarse por sí mismo una barrera fronteriza. Para ejecutar un rechazo inmediato debe existir un elemento de contención expresamente colocado para proteger la frontera.

Las vallas pueden servir para delimitar el perímetro, canalizar los accesos y proporcionar cobertura jurídica a la intervención policial. Sin embargo, no ofrecen a simple vista el mismo nivel de seguridad que una infraestructura fronteriza diseñada para soportar intentos numerosos o coordinados de entrada.

La actuación de Melilla llega después de que Interior desplegara en Ceuta una barrera neumática de tan solo 500 metros, con una altura de entre 30 y 70 centímetros sobre el agua y un faldón sumergido de hasta un metro. El dispositivo fue complementado con boyas fondeadas y vigilancia permanente de la Guardia Civil.

Apenas dos días después, uno de los agarres se desprendió y obligó a reparar unos 50 metros del sistema. Ahora, mientras Interior estudia la colocación de otros elementos marítimos en Melilla, el Gobierno ha comenzado por cerrar el tramo vulnerable del dique sur con paneles propios de una obra.

Después de una barrera hinchable de 500 metros que ya ha sufrido su primera rotura, la respuesta de Interior para reforzar la frontera suma ahora unas vallas provisionales de dos metros en Melilla.

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