El petróleo cuesta casi la mitad que en 2008, pero llenar el depósito sigue doliendo mucho más al bolsillo
El barril de Brent cotiza hoy alrededor de un 45% por debajo del máximo histórico alcanzado hace dieciocho años, pero los conductores españoles apenas perciben ese alivio cuando pasan por el surtidor. El aumento del IVA, la mayor carga fiscal sobre los carburantes, la pérdida de valor del euro frente al dólar y otros costes explican una factura que continúa disparando el enfado en plena operación salida de agosto

Una persona reposta gasolina en un coche, todo un lujo
Hay imágenes que resumen mejor que cualquier discurso el humor de un país. Una fotografía de un surtidor marcando más de dos euros por litro basta para entender por qué miles de conductores miran el panel de precios con la misma cara que cuando llega la declaración de la renta. Además, coincide con las dos semanas de mayor movimiento en las carreteras españolas. Y llenar el depósito vuelve a ser una sangría.

Precios de una gasolinera este viernes 7 de agosto de 2026
La comparación que más está circulando en redes sociales toca una fibra sensible. En julio de 2008 el barril de Brent alcanzó el récord de 147 dólares. Hoy ronda los 82. La pregunta surge sola: si el petróleo cuesta casi la mitad, ¿por qué el gasóleo y la gasolina siguen tan caros?
La respuesta rápida es que la sensación del conductor tiene bastante fundamento. Aunque el Brent se haya desplomado desde aquel máximo histórico, el alivio apenas llega al surtidor. La diferencia entre el precio internacional del crudo y lo que termina pagando un automovilista español se ha ido llenando de impuestos, costes regulatorios, refinado, transporte y distribución.

Verificación de los precios del combustible
Hay un dato que explica buena parte del enfado. En 2008 el IVA aplicado a los carburantes era del 16%. Hoy es del 21%. Cinco puntos más que se aplican, además, sobre un precio que ya incluye el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos. Es decir, también se paga IVA sobre otro impuesto.
A eso se suma precisamente el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos. En el gasóleo su carga ordinaria es hoy varios céntimos superior a la existente hace dieciocho años, pese a las rebajas temporales aprobadas este verano para aliviar parcialmente el impacto de la crisis energética. La consecuencia es evidente: una parte mucho mayor de cada euro que sale del bolsillo del conductor acaba en las arcas públicas.
Pero tampoco sería exacto afirmar que todo se explica por los impuestos. Existe otro factor que suele pasar inadvertido. Cuando el Brent marcó aquellos históricos 147 dólares, el euro vivía uno de sus momentos de mayor fortaleza y cambiaba por cerca de 1,60 dólares. Traducido al bolsillo europeo, aquel petróleo no costaba 147 euros, sino alrededor de 93. Hoy el barril ronda los 82 dólares, pero con un euro mucho más débil equivale aproximadamente a unos 72 euros. Sigue siendo más barato, sí, aunque la diferencia real no es tan gigantesca como parece cuando solo se comparan cifras en dólares.
También conviene poner en contexto otro dato que ha alimentado la polémica en las redes. La fotografía viral corresponde a una estación de servicio donde el gasóleo supera los 2,20 euros por litro, un precio real, pero muy por encima de la media nacional. Según los últimos datos oficiales, el gasóleo A se mueve alrededor de 1,80 euros por litro, aunque en muchas áreas de servicio de autopista y en estaciones de marcas 'premium' los precios vuelven a acercarse o incluso superan los dos euros.

Impuestos por litro de carburante, comparativa 2008-2026
Nada de eso, sin embargo, cambia la percepción del conductor. Quien este fin de semana cargue maletas para recorrer cientos de kilómetros comprobará que llenar un depósito de 55 litros sigue rondando o superando fácilmente los cien euros en muchas estaciones. Y esa cifra pesa mucho más que cualquier explicación técnica sobre el tipo de cambio o el precio del Brent.
Porque al final, mientras economistas y expertos discuten cuánto corresponde al petróleo, cuánto a los impuestos y cuánto a los costes del sistema, el automovilista hace una cuenta mucho más sencilla: mira el surtidor, aprieta la manguera y vuelve a preguntarse cómo es posible que, con el petróleo tan lejos de su récord histórico, llenar el depósito siga pareciendo un lujo.