CONFLICTO CON MARRUECOS
Marruecos rompe el relato de Sánchez y reclama negociar por Ceuta y Melilla
Abdellatif Ouahbi asegura que Rabat plantea «continuamente» a Madrid la recuperación de ambas ciudades mediante el diálogo, justo después de la avalancha migratoria que desbordó la frontera española a finales de julio
El ministro de justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi
Primero llegó la avalancha migratoria sobre Ceuta. Después, las llamadas del Gobierno a no molestar a Marruecos y los elogios a la colaboración de Rabat. Y ahora, cuando La Moncloa intenta reconstruir el relato de una crisis que no vio, o no quiso ver, venir, el ministro marroquí de Justicia se ha encargado de recordar que la amistad entre ambos países tiene una letra pequeña bastante incómoda para España.
Abdellatif Ouahbi ha asegurado que Marruecos mantiene su reivindicación sobre Ceuta y Melilla y que la traslada habitualmente a las autoridades españolas. «Este asunto sigue sobre la mesa. Cada vez que nos reunimos con los españoles planteamos la cuestión», afirmó en una entrevista concedida a la cadena árabe Al Sharq.
Ouahbi fue todavía más explícito al sostener que la política del Reino alauí consiste en actuar «con paciencia» y con una estrategia a largo plazo para recuperar ambas ciudades e incorporarlas al territorio marroquí. «Nos aferramos a nuestras tierras y queremos resolver el problema con España mediante el diálogo», añadió el ministro.
Conviene separar la gravedad política de la declaración de aquello que no está acreditado. No consta que exista una negociación formal sobre la soberanía de Ceuta y Melilla ni que el Gobierno de Sánchez haya aceptado abrir semejante conversación. Lo que sí afirma un miembro del Ejecutivo marroquí es que Rabat introduce el asunto «continuamente» en sus reuniones con España. Y eso merece, como mínimo, una explicación de La Moncloa.
España
Europa examina la gestión de Sánchez en Ceuta entre reproches y acusaciones de efecto llamada
Patricia Rodríguez Corchado
Las palabras llegan, además, en un momento especialmente delicado. Apenas unas horas antes, José Manuel Albares había destacado la «total disposición» de Marruecos a colaborar en el retorno de los inmigrantes y había calificado el diálogo con Rabat de «fundamental». Ouahbi niega que su país utilice la inmigración como instrumento de presión, pero el contexto convierte sus declaraciones en material políticamente explosivo.
Una presión pública desde 2020
La reivindicación marroquí tampoco es nueva. En diciembre de 2020, el entonces primer ministro Saadeddine El Othmani ya defendió que había llegado el momento de abrir la cuestión de Ceuta y Melilla. España respondió convocando a la embajadora de Marruecos. La novedad ahora es que un ministro asegura que el asunto se plantea habitualmente en los encuentros bilaterales.
La posición oficial española no admite dudas: Ceuta y Melilla son ciudades españolas y su soberanía no está en discusión. El propio Sánchez calificó la entrada masiva de finales de julio como un ataque contra la integridad territorial. Sin embargo, por ahora no se conoce una respuesta directa del Ejecutivo a las palabras de Ouahbi. Palabrería sin hechos.
Rabat presume de tener paciencia. España, después de comprobar cómo quedó desbordada una de sus fronteras, tiene motivos para perderla. La cooperación es necesaria, pero quizá haya llegado el momento de explicar qué escucha exactamente el Gobierno cada vez que se reúne con ese socio tan celebrado.