El panfleto del PSOE sobre Ceuta: un manual de autojustificación que envejece muy mal según pasan los días
El argumentario interno distribuido la primera semana de la crisis revela un ejercicio de propaganda partidista que niega fallos de inteligencia, minimiza la vulneración territorial y presenta como éxito lo que fue un desbordamiento completo de la frontera española

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Ceuta
El Partido Socialista ha vuelto a recurrir a uno de sus clásicos: el argumentario interno disfrazado de “información objetiva”. El documento de seis páginas titulado “PSOE responde”, repartido entre sus cuadros en la primera semana de la crisis de Ceuta, no es un análisis riguroso de lo ocurrido. Es un panfleto de unificación de criterio diseñado para que todos los dirigentes, portavoces y cargos públicos repitan la misma narrativa: el Gobierno actuó impecablemente, nadie pudo prever nada y la situación ya está “bajo control”.
El texto arranca con una distinción artificiosa. Reconoce dos fases: un incremento progresivo de entradas “dentro de cifras históricas de verano” y, el día 30, “una llegada masiva de miles de personas que de forma irregular violentó nuestra integridad territorial”. Llama la atención que el propio PSOE utilice el verbo “violentar” para describir lo que después se empeña en tratar como una mera “emergencia migratoria” gestionable con los mecanismos ordinarios. La contradicción es flagrante: o se violentó la integridad territorial de España y de la UE, o no. No se puede afirmar lo primero y actuar como si fuera lo segundo.
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La respuesta a la pregunta clave —¿tuvo el Gobierno o la Delegación información previa?— es un ejercicio de negación absoluta: “No hubo ningún informe ni aviso ni nada parecido”. Ni de los servicios españoles ni de ningún departamento de seguridad europeo. Resulta llamativo que un Gobierno que presume de su capacidad de control fronterizo y de coordinación con Marruecos se declare tan sorprendido. O los servicios de inteligencia fallaron estrepitosamente, o la explicación oficial no se sostiene. El documento elude por completo cualquier referencia a posibles motivaciones políticas marroquíes o a la utilización de la presión migratoria como herramienta de chantaje, un precedente que ya se vivió en 2021.
Igualmente reveladora es la justificación de por qué no se cerró la frontera. Según el panfleto, “personas expertas en catástrofes” aseguraron que cualquier obstáculo habría producido “miles de muertes”. Por tanto, lo adecuado fue “dejar que avanzaran hasta espacios más abiertos”. Es decir: ante una avalancha humana organizada que viola la frontera, la respuesta preferida es facilitar la entrada para evitar un drama humanitario mayor. Esta lógica convierte la defensa del territorio en un ejercicio de contención pasiva. La frontera no se defiende; se gestiona el desastre una vez consumado.
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El documento insiste en que no se decretó la emergencia nacional porque “no cumplía los requisitos legales” y porque la crisis “puede gestionarse con los mecanismos ordinarios”. Mientras tanto, se enviaron cientos de agentes de la UIP, pelotones de la Guardia Civil, buques, helicópteros y equipos especializados. Si hacía falta un despliegue extraordinario de tal magnitud, ¿cómo se puede sostener que bastaban los mecanismos ordinarios? La contradicción vuelve a ser evidente: se niega el carácter excepcional de la crisis mientras se actúan medidas propias de una situación excepcional.
La parte más cínica llega cuando el propio argumentario se pregunta: “¿Está ya la situación bajo control?” y se responde: “Sí”. En ese momento —la primera semana— todavía había miles de personas en Ceuta, los menores no acompañados saturaban los recursos y las devoluciones se producían a ritmo diario. Presentar como éxito el retorno de “la inmensa mayoría” mientras se sigue gestionando una crisis de esta envergadura es un ejercicio de marketing político, no de responsabilidad institucional.
El panfleto dedica páginas a detallar las inversiones realizadas en los últimos ocho años (40 millones por ciudad, más de 100 previstos) y a recordar que Ceuta tiene una de las ratios de efectivos más altas de España (14 agentes por cada 1.000 habitantes frente a la media nacional de 4). Todo ello suena a autojustificación preventiva: “hemos invertido mucho, tenemos muchos policías, por tanto no es culpa nuestra”. Si después de tanto refuerzo y tanta inversión la frontera se desborda en cuestión de horas, la conclusión lógica no es que el sistema funciona, sino que el sistema ha fallado.
El documento termina con la promesa de más infraestructuras, más vigilancia, más coordinación con Marruecos y la instalación de una barrera marina. Medidas que, en realidad, reconocen implícitamente que lo anterior no bastaba. Es el clásico “esta vez sí lo arreglaremos” que se repite tras cada crisis fronteriza.
Lo que el PSOE ha distribuido no es un informe de gestión. Es un manual de supervivencia política. Un texto pensado para que sus cargos no se desvíen del guion: negar fallos de previsión, negar la necesidad de medidas excepcionales, afirmar que todo está controlado y presentar el refuerzo de efectivos como prueba de eficacia en lugar de como evidencia de desbordamiento.
Ceuta no vivió una “situación de emergencia gestionable con los cauces habituales”. Vivió una vulneración masiva y organizada de la frontera española. Y el panfleto del PSOE, lejos de esclarecer lo ocurrido, solo confirma que el partido prioriza el control del relato sobre el control del territorio.