Sánchez al fin planta cara tras la última provocación de Marruecos: Ceuta y Melilla no se negocian

Exteriores rechaza tajantemente la pretensión marroquí de abrir un diálogo sobre la soberanía de ambas ciudades después de años de enorme cautela ante Rabat, mientras Moncloa trata de recuperar el control de una crisis migratoria que se prolonga desde julio, llegó a sondear una intervención de Felipe VI ante Mohamed VI y coloca ahora a Ángel Víctor Torres al frente de los cinco ministerios implicados

La Policía Nacional y un perro policía durante un acto de entrega de la bandera de España, en las Murallas Reales de Ceuta (España)Europa Press

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Miguel Queipo de Llano

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Ha costado años, unas cuantas provocaciones, la sombra del software espía Pegasus y una crisis migratoria de proporciones históricas, pero esta vez el Gobierno de Pedro Sánchez sí ha contestado a Marruecos. Y lo ha hecho precisamente en el terreno en el que España no puede permitirse ambigüedades: Ceuta y Melilla. Exteriores ha rechazado "tajantemente" cualquier pretensión de discutir la soberanía española sobre ambas ciudades tras el ridículo discurso de un miembro del Ejecutivo del reino alauita.

La respuesta llegó después de que el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, aprovechara el momento menos inocente posible para desempolvar una vieja obsesión de Rabat. Con Ceuta todavía intentando digerir las consecuencias de la avalancha migratoria iniciada el 30 de julio, Ouahbi reclamó los supuestos "derechos históricos y geográficos" de Marruecos sobre las dos ciudades autónomas españolas y pidió abrir con España un espacio de diálogo para encontrar una "solución definitiva". Como si lo necesitaran.

No ha tenido que sonrojarnos el hasta ahora habitual silencio diplomático ni hubo que esperar a que alguien en Moncloa encontrase una fórmula suficientemente suave para no molestar al vecino. El Ministerio de Exteriores ha rechazado la pretensión marroquí y ha recordado que Ceuta y Melilla forman parte de la integridad territorial y la soberanía de España y, además, de la Unión Europea. Dicho de otra manera: sobre esto no hay mesa que montar.

Años procurando no enfadar a Mohamed VI

La contundencia resulta noticia precisamente porque no ha sido la tónica de los últimos años. Sánchez ha construido buena parte de su relación con Mohamed VI sobre una prudencia que demasiadas veces ha terminado pareciéndose al silencio, cuando no al servilismo. La prioridad ha sido conservar una relación estable con Rabat incluso cuando Marruecos tensaba una cuerda que España procuraba no tocar.

El gran punto de inflexión llegó en 2022, cuando Sánchez cambió la posición histórica española sobre el Sáhara Occidental y consideró la propuesta marroquí de autonomía como la base "más seria, realista y creíble" para resolver el conflicto. Aquella decisión recompuso las relaciones con Mohamed VI, pero también dejó meridianamente claro quién tenía entonces más prisa por hacer las paces. Curiosamente, las revelaciones sobre el espionaje con Pegasus se remontan a 2021...

Desde ahí, el Ejecutivo ha procurado evitar choques públicos con un socio imprescindible para controlar los flujos migratorios. Rabat conoce perfectamente esa dependencia y España también. De ahí que cada encontronazo haya obligado a Moncloa a practicar ese complicado deporte diplomático consistente en defender los intereses españoles procurando que Marruecos no se enfade demasiado por ello.

Sánchez llegó a mirar hacia Zarzuela

Hasta tal punto preocupa en Moncloa la necesidad de recuperar la cooperación con Rabat que el Gobierno llegó a sondear la posibilidad de que Felipe VI interviniera ante Mohamed VI para contribuir a desbloquear la situación en Ceuta. Una posibilidad especialmente significativa por la relación personal entre ambas casas reales y porque convierte al Rey en una eventual carta diplomática cuando los canales políticos no parecen suficientes.

Y mientras se buscaban soluciones al otro lado de la frontera, dentro del Gobierno tampoco sobraba precisamente coordinación. Interior, Inclusión, Infancia, Exteriores y Política Territorial han ido gestionando diferentes piezas de una misma emergencia, con anuncios, rectificaciones y discrepancias que han terminado alimentando la sensación de que Ceuta necesitaba de la colaboración de muchos ministerios que para colmo no se ponían de acuerdo en nada.

Ángel Víctor Torres, de coordinador ministerial

Sánchez ha decidido ahora poner una. Ángel Víctor Torres coordinará a los cinco ministerios implicados en la crisis, un movimiento con el que Moncloa pretende ordenar la respuesta del Estado después de tres semanas en las que los acontecimientos han ido sistemáticamente varios metros por delante de las decisiones políticas.

La situación es difícil de explicar. España necesita ahora especialmente la colaboración de Marruecos para recuperar el control de la situación en Ceuta y, justo entonces, un ministro marroquí decide que es un buen momento para plantear que España negocie precisamente Ceuta y Melilla. Rabat sabe escoger sus momentos. Nunca ha destacado precisamente por regalar oportunidades diplomáticas.

Esta vez, sin embargo, se ha encontrado una respuesta donde predominaba el no hacer ruido. El Gobierno ha marcado una frontera verbal que nunca debería haber necesitado demasiadas explicaciones: la buena relación con Marruecos puede negociarse, cuidarse e incluso mimarse; la soberanía española, no.

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Después de años procurando no incomodar a Mohamed VI, Sánchez ha encontrado finalmente —aunque le ha costado tres semanas distinguir el color— una línea roja. Estaba exactamente donde siempre estuvo: en Ceuta y Melilla.