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José Bautista explica cómo controla Mohamed VI a Sánchez y desnuda la dictadura marroquí

El periodista de investigación analiza en ESdiario la estrategia de presión que atribuye al régimen alauita, desde la inmigración hasta el espionaje, y señala a Pegasus como una de las grandes incógnitas de la relación bilateral

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¿Por qué una potencia económica como España mantiene tantas cautelas ante Marruecos incluso cuando Rabat pone en cuestión sus intereses? Es una de las preguntas alrededor de las que gira la conversación de ESdiario con José Bautista, periodista especializado en investigar el funcionamiento del régimen marroquí y sus relaciones con España.

Bautista parte de una definición contundente: «Marruecos es una dictadura». Un régimen policial, asegura, con una cadena de mando mucho más férrea que cualquier democracia occidental y capaz de utilizar la inmigración como instrumento de presión cuando las relaciones con España se complican.

Frente a esa estrategia, Bautista considera que los diferentes gobiernos españoles han pecado de «cortoplacismo» y han priorizado evitar problemas con Mohamed VI. El resultado, sostiene, ha sido realizar concesiones en cuestiones como el Sáhara o la política europea a cambio de conservar la cooperación marroquí en el control de los flujos migratorios.

Pero hay una cuestión especialmente delicada que sobrevuela toda la entrevista: Pegasus. El periodista recuerda el espionaje sufrido por los teléfonos de Pedro Sánchez y varios ministros y pone el foco en una incógnita que continúa sin respuesta: qué información fue extraída del móvil del presidente. Bautista atribuye a los servicios marroquíes aquel acceso; la investigación judicial española, sin embargo, no consiguió establecer oficialmente quién estuvo detrás de las intrusiones.

Según el periodista, esa capacidad de inteligencia se complementaría con una estrategia marroquí de influencia sobre diferentes ámbitos españoles. Bautista sostiene que Rabat conoce perfectamente «los puntos débiles de la democracia española» y sabe explotar el temor de cualquier Gobierno a enfrentarse a una nueva crisis fronteriza.

Donde no comparte el pesimismo es en el futuro de Ceuta y Melilla. Aunque recuerda las aspiraciones territoriales expresadas reiteradamente desde Marruecos, descarta que las dos ciudades terminen bajo su control.

Y utiliza para explicarlo un argumento bastante más sencillo que cualquier tratado diplomático: sus habitantes, sean musulmanes, cristianos o ateos, quieren ser españoles. Marruecos podrá presionar, sostiene Bautista. Pero decidir que Ceuta y Melilla dejen de ser españolas es otra historia.

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