CORRUPCIÓN EN LA MONCLOA

ESdiario, en Ceuta: Sánchez sigue mintiendo un mes después de la invasión y los ceutíes dan ejemplo

ESdiario viaja a la ciudad autónoma para comprobar de primera mano la dejadez de Pedro Sánchez y su Gobierno con Ceuta. No hay 5.000 inmigrantes ilegales, son 20.000, como mínimo.

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Impactante, brutal, demoledora, salvaje... son los adjetivos que brotan en la primera impresión que se lleva un ciudadano peninsular al pisar Ceuta estos días. Un mes después de la invasión, la ciudad autónoma está completamente tomada. Las cifras que hace públicas el presidente del Gobierno sobre el número de inmigrantes ilegales procedentes de Marruecos que aún continúan deambulando entre la playa del Trampolín y la de Benítez, entre la barriada de Loma Colmenar y la de El príncipe, entre el polígono de El Tarajal o el de la Chimenea, simplemente, es que no son ciertas

Este lunes, Pedro Sánchez ha asegurado que entraron "70.000 personas" el 30 de julio. Se atreve a aventurar que "nueve de cada diez ya se han ido". Y añade el jefe del Ejecutivo que "quedarían en torno a 5.000. De ellos, 1.200 son niños". No es verdad. La ministra Sira Rego apunta a 1.500 menores. Tampoco está en lo cierto.

Solo hay que darse un paseo en coche por todos estos puntos, como ha hecho ESdiaro, para comprobar de primera mano que las cifras reales están muy alejadas del relato oficialista del 'sanchismo'. Los que mejor conocen la realidad que les asfixia y les amenaza son los ciudadanos que llevan toda la vida defendiendo su bandera blanquinegra y la española. Y ellos lo tienen claro. Hablamos de 20.000 inmigrantes ilegales, como mínimo. Sin rumbo, sin recursos, sin futuro, sin intención de dar un paso atrás. 

Entonces, cabe preguntarse por qué se miente desde el Palacio de la Moncloa, qué plan tiene previsto el Gobierno de coalición PSOE-Sumar para este desgobierno, cuándo se va a solucionar realmente la situación, hasta cuándo pretende Pedro Sánchez mantener el caos dentro de esos 19 kilómetros cuadrados que son españoles.

Tenemos la suerte de que en este viaje nos acompaña Laura García, portavoz del sindicato policial JUPOL. Regresa a Ceuta días después de su última visita. Ella nos explica que el asentamiento "no para de crecer" y que las chabolas que levantan "son cada vez más sofisticadas". Lo más descorazonador, quizás, de su testimonio es que no hay ninguna orden operativa "para revertir esta situación".  Es más, nos confiesa que "los relevos que se están pidiendo a los agentes que acuden a Ceuta están pensados para septiembre, octubre y noviembre". Incluso más allá.

"Esto es un polvorín. Aquí va a saltar una chispa. No sabemos en qué momento. Los compañeros nos transmiten que va a ocurrir una desgracia porque se está tensionando mucho la situación", ya nos avanza Laura García. "Los ceutíes están abandonados. Tienen miedo y se les han quitado sus derechos", nos recuerda. 

El mayor asentamiento de inmigrantes ilegales de Europa

La primera parada que hace ESdiario nada más bajar del ferry tomado en Algeciras es, precisamente, la playa de El Trampolín. Un espacio público de la ciudad que ha sido literalmente conquistado por miles de hombres que han levantado centenares de chabolas, casetas y tiendas de campaña rudimentarias con todo lo que pillan por las calles. 

Mientras la policía nacional, totalmente desbordada, trata de poner algo de orden en la arena, los jóvenes invasores -como les llaman los propios ceutíes, porque es lo que son- se entretienen fumando en grupo -no solo tabaco, precisamente-, echándose un cabezadita a la sombra de sus construcciones o cocinando salchichas con cebolla y tomate a dos metros del agua. Se oyen cánticos de llamada a la oración. Dan las seis y media de la tarde.

Los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) los van embolsando por grupos en uno de los extremos de la playa. Las raciones de comida están a punto de entregarlas los voluntarios de Cruz Roja y son limitadas. Cuando comienza el reparto, la imagen impresiona. Como lo hace también comprobar el interés de todos ellos por hacerse con las cajas, palés, cartones y plásticos que sirven para transportar todas esas raciones alimentarias. Son sus materiales para construirse un techo en el que pasar la noche y evitar el sol.

Es un río de personas que depende de lo que se les da. Si no fuera así, no es difícil imaginar lo que pasaría en cualquier punto de la ciudad. Todos ellos tienen que cubrir una serie de necesidades básicas. Sin embargo, no a todas se les encuentra un remedio. Hay 20.000 individuos haciendo sus necesidades en cualquier parte. El olor que desprenden las zonas periféricas alejadas del centro de la ciudad es muy desagradable. 

El Tarajal y la Chimenea: un gueto que da miedo

De la playa del Trampolín nos desplazamos al polígono de El Tarajal y también al de La Chimenea. Pensábamos que habíamos visto lo peor. Pero no. Las naves industriales están a un paso de la frontera marroquí y muy cerca de unos túneles que hasta hace nada se usaban para introducir droga en suelo español -y, por tanto, europeo-.  

Nos reciben con una sonrisa, como todos los jóvenes a los que nos acercamos. Algunos chapurrean castellano, pero prefieren el francés para recordarnos que ellos no tienen pensado irse de allí. Su objetivo es llegar a la península, de una manera o de otra. Aquí hay también centenares de casetas improvisadas pegadas a los muros y paredes. Pero sobre todo, hay más menores que en cualquier otro lugar de Ceuta. Al final de una calle sin salida y repleta de basura y desperdicios juegan ellos descalzos y sin camisetas con un balón de fútbol.  

Antes, un grupo de chavales monta un improvisado puesto de bocadillos y nos invita a probarlos. Aquí tampoco hay agua corriente ni electricidad. Se lo recordamos, pero les importa poco. Muchos de ellos tienen marcas y cortes en brazos, piernas y torso. Son cicatrices de las cárceles marroquíes, nos explican desde el entorno de la Policía Nacional. 

Al Gobierno se le llena la boca con los menores no acompañados y con la obligación moral y humanitaria de mirar por sus intereses. Hipocresía y mentira cocinada en el ala oeste del Palacio de la Moncloa. Si de verdad tienen interés en esos chicos, que Ángel Víctor Torres, como mando único, se dé un paseo por los polígonos El Tarajal y de La Chimenea. Un auténtico gueto.

Playas custodiadas por la Policía sin un ceutí allí

Dejamos atrás esta desoladora estampa y circulamos junto a El Príncipe, el barrio en el que se da cobijo y se esconde a muchos de esos inmigrantes ilegales. Atravesamos las calles de Loma Colmenar y volvemos a llevarnos las manos a la cabeza. A estas horas que el sol aún golpea con fuerza, cualquier sombra es un lugar idóneo para tumbarse en la acera y esperar a que llegue la noche. 

No se puede caminar más que por la calzada. Nos cruzamos con muy pocas mujeres. No hemos visto ninguna en los diferentes asentamientos que ya hemos visitado. El perfil es claro: varones jóvenes de origen marroquí, la mayoría entre 20 y 30 años. 

También es raro encontrarse a mujeres ceutíes caminando solas de día por la ciudad. Ni en la puerta del Mercadona nos las encontramos. Eso sí, el supermercado está custodiado por militares. Los mismos con los que nos cruzamos en semáforos y rotondas. 

Nos acercamos a otras playas cercanas al centro y están custodiadas por agentes de la Policía Nacional. Hay tres jóvenes en el agua. Ninguno de Ceuta. Los vecinos nos cuentan que no van porque los "invasores" hacen sus necesidades en la arena

Juan Jesús Vivas, un presidente al que sí quieren los suyos

Nos sumamos a una marcha ciudadana y pacífica que hace parada en el Puente del Cristo. Es pulsar la opinión y el sentir de los vecinos para entender por qué Pedro Sánchez ni está ni se le espera. No hay una palabra amable para el todavía presidente del Gobierno. La indignación crece -y mucho- en cuanto que avanza la conversación. 

"El Gobierno mira por los menas, pero nadie se acuerda de nuestros niños. No han tenido verano, están encerrados en casa con los abuelos y todavía nadie les ha dicho que no van a ir al colegio". "Que se atrevan a ocupar las instalaciones deportivas, ya veréis", nos dice un grupo de señoras. 

El 'cariño' que le tienen a este Gobierno los ceutíes es totalmente comprensible. Les han abandonado a su suerte. Están tratando de sacar rédito político de su infierno. De ahí que no sorprenda el contraste de ver cómo es recibido entre los suyos el presidente Juan Jesús Vivas. Un hombre que al tener cerca da muestras de que esta crisis sin precedentes le tiene sin dormir. 

A sus 73 años está dando lecciones a muchos. Un político que no se ha ido de vacaciones, que le quita horas a su familia y a su nieto recién nacido para gestionar, en la medida de lo posible, lo que está en su mano. Aplausos, vítores, fotos, abrazos... una comparación odiosa la de Vivas y la de Sánchez. A uno lo arropan como a pocos líderes nacionales en nuestro país. Es nombrarles al otro y encender una mecha.

Lo cierto es que, manipulen lo que manipulen algunos altavoces mediáticos, los ceutíes están dando un auténtico ejemplo. Pueblo acogedor, plural y tolerante donde los haya. Lo primero que escuchas cuando te acercas a ellos es un "gracias". "Gracias por venir". "Gracias por darnos voz". "Gracias por contar la verdad"

En la ciudad de las cuatro culturas - cristiana, musulmana, hebrea e hindú- no son sospechosos de haber tornado hacia la llamada "ultraderecha" de la que algunos les acusan. No son "fachas" como deslizan otros en sus micrófonos. Lo que no soportan estos españoles es que se rían en su cara, les arrebaten su normalidad y encima quieran hacerles pasar por violentos y xenófobos. 

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"Ceuta no se vende. Ceuta se defiende". Le pese a quien le pese.