La 'pájara' se venga de Sánchez y le roba el protagonismo (y la credibilidad) con su sonado desplante: un enfado imposible de ocultar
La ministra de Defensa ha sido la única que no ha secundado el aplauso a Pedro Sánchez. Un gesto cargado de significado y que recupera una larga historia de choques dentro del Ejecutivo, incluido el despectivo "pájara" que el propio presidente utilizó para referirse a ella en sus mensajes con José Luis Ábalos.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Defensa, Margarita Robles, conversan en el Congreso
"Aquí ha aplaudido casi todo el mundo de esta bancada, menos una persona, la señora Robles. Tiene usted un problemón importante", han sido las palabras de Gabriel Rufián y que resume a la perfección lo vivido este jueves en el Congreso. Pedro Sánchez hablando durante horas para intentar justificarse por su nefasta gestión de la crisis migratoria de Ceuta para que un gesto lo eclipse todo. Y es que al presidente del Gobierno le ha salido un problema dentro de su propia bancada justo cuando pretendía cerrar filas y zanjar la polémica sobre los avisos previos a la crisis de Ceuta. Y tiene nombre y apellidos: Margarita Robles.
La ministra de Defensa ha protagonizado este jueves una de las imágenes más llamativas de la comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso al quedarse sentada y sin aplaudir precisamente en uno de los momentos que Moncloa había preparado para exhibir transparencia y unidad.
Sánchez acababa de anunciar que ha dado la orden de publicar un dosier con "todos los informes" policiales y de Inteligencia relacionados con los días anteriores a la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta del 30 y 31 de julio. La bancada socialista y prácticamente todo el Gobierno han respondido con aplausos. Robles, no. La responsable política del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha permanecido sentada, seria, se ha llevado la mano al pelo y ha desviado la mirada mientras sus compañeros celebraban las palabras del presidente. Al término de la intervención sí se ha levantado y ha aplaudido, aunque ha sido la primera en volver a sentarse mientras continuaba la ovación.
Los motivos del mosqueo parecen claros. Robles ha defendido públicamente al CNI frente al relato sostenido por Interior y respaldado desde Moncloa. Todo ello rematado con la polémica de los informes del CENIF que, aunque dependiente de Interior al ser Policía, seguro no han gustado a la encargada de Defensa, ya que lo ocurrido con esta unidad policial recuerda a lo ocurrido con el CNI y que se resume rápido: desde la policía apuntan que sí informaron del salto masivo desde Marruecos y el Gobierno sostiene que no.
Sánchez ha mantenido este jueves que nadie avisó de la magnitud de la entrada, lo que seguramente, junto con todo lo demás, ha provocado que Margarita Robles no pudiera evitar demostrar su descontento. "Tengo derecho a gestualizar", ha contestado cuando le han preguntado por el asunto en los pasillos del Congreso.
La "pájara" de Sánchez se vuelve a rebelar
El desencuentro tiene además un antecedente personal difícil de pasar por alto. Hace poco más de un año salieron a la luz mensajes privados intercambiados en 2020 entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos. En ellos, el presidente se refería precisamente a Margarita Robles como una "pájara" y aseguraba que "duerme con el uniforme puesto". El comentario se produjo después de que la ministra se hubiera desmarcado de la estrategia más dura del Gobierno contra Isabel Díaz Ayuso.
Robles trató inicialmente de restar trascendencia al episodio asegurando que se trataba de conversaciones privadas de hacía años. Meses después, sin embargo, fue algo más explícita. "A mí no me gusta la expresión", reconoció, llegando a calificarla de "un poco machista". Ahora aquella "pájara" que incomodaba a Sánchez ha vuelto a desmarcarse del presidente en un asunto tan sensible. Y no es la primera vez.
El CNI ya provocó otra guerra dentro del Gobierno
El episodio que guarda más paralelismos con lo ocurrido ahora en Ceuta llegó en 2022 y también tuvo al CNI como protagonista. El escándalo Pegasus colocó al servicio de Inteligencia en el centro de una tormenta política y Robles salió en defensa tanto de sus agentes como de su entonces directora, Paz Esteban.
La ministra llegó a enfrentarse duramente con Pablo Echenique en el Congreso después de que el dirigente de Podemos sugiriera que debía dimitir. Robles negó que existieran "fisuras" en la actuación del CNI, reivindicó que sus actuaciones se realizaban bajo control judicial y defendió a Esteban cuando buena parte de los socios parlamentarios de Sánchez exigían responsabilidades.
Pocos días después, el Gobierno cesó a Paz Esteban. Sánchez justificó la decisión asegurando que se había producido un "fallo de seguridad" en las comunicaciones del Ejecutivo. Robles, pese a verse obligada formalmente a proponer su relevo, continuó reivindicando públicamente a los 3.000 hombres y mujeres del CNI y su respeto a la legalidad.
Sin duda una historia que recuerda a lo vivido en Ceuta, con el Gobierno desacreditando al CNI y Robles defendiendo a sus miembros a capa y espada. Cuatro años después, el CNI vuelve a colocar a Robles ante una situación parecida: defender el trabajo de sus agentes mientras otros departamentos del Ejecutivo sostienen una versión que puede poner bajo sospecha la eficacia de los servicios de Inteligencia.
Cuatro choques con Podemos: monarquía, el 'solo sí es sí' y Pablo Iglesias en la mira
Uno de sus primeros grandes enfrentamientos dentro del Gobierno fue con Pablo Iglesias. En noviembre de 2020, Robles reclamó al entonces vicepresidente segundo "lealtad" y "humildad" después de los continuos choques entre PSOE y Unidas Podemos y le recordó públicamente quién dirigía el Ejecutivo: "El presidente del Gobierno es Pedro Sánchez, y eso a veces nadie debería olvidarlo, incluso dentro del Gobierno". Una defensa de la autoridad de Sánchez que provocó la respuesta de Ione Belarra, que llegó a definirla como "la ministra favorita de los poderes que quieren que el PP gobierne con Vox".
Otro encontronazo llegó a cuenta de la Monarquía. Cuando Podemos quiso impulsar una investigación parlamentaria sobre Juan Carlos I, Robles salió en defensa de la institución y acusó a sus socios de estar "cuestionando las instituciones". El enfrentamiento con Ione Belarra continuó en plena borrasca Filomena, cuando la ministra de Defensa le reprochó que dedicara su tiempo a atacarla en las redes sociales y le recomendó centrarse en los problemas que preocupaban a los ciudadanos.
Especialmente duro fue también el choque por la ley del 'solo sí es sí'. Frente a los ataques de Irene Montero contra los jueces por las rebajas de condenas a agresores sexuales, Robles salió en defensa de la judicatura y rechazó las "descalificaciones a los jueces con carácter general". Conforme aumentaron las revisiones de penas, la ministra terminó admitiendo que la norma "quizá no ha dado una respuesta adecuada" y posteriormente cargó contra Podemos por su "desconocimiento", reclamándole "humildad" para reconocer los errores cometidos.
La política de Defensa abrió otro frente permanente con Podemos y posteriormente con el espacio de Sumar. Robles se convirtió en una de las voces más firmes del Gobierno a favor del aumento del gasto militar, del apoyo a Ucrania y del cumplimiento de los compromisos con la OTAN, posiciones que chocaron repetidamente con el ala izquierda del Ejecutivo. La ministra ha defendido frente a esas críticas que invertir en Defensa significa invertir en "paz", "seguridad" y empleo.
Ceuta vuelve a colocar a Robles frente a Sánchez
La diferencia esta vez es que el choque ya no se produce fundamentalmente con el socio minoritario del Gobierno. Es con el propio relato que está defendiendo Pedro Sánchez.
Ahora Sánchez pretende publicar los documentos para demostrar que el Gobierno no conocía de antemano la magnitud de lo que iba a ocurrir. Y cuando el presidente ha anunciado esa decisión esperando cerrar una de las polémicas que más daño está haciendo al Ejecutivo desde el estallido de la crisis de Ceuta, la "pájara" a la que años atrás criticaba en privado ha decidido no acompañarle en el aplauso.
Puede que Robles reivindique simplemente su "derecho a la gestualidad" y que Moncloa quiera reducirlo a una anécdota. Pero hasta Rufián ha entendido inmediatamente el significado político de la imagen. "Tiene usted un problemón", le ha advertido a Sánchez. Esta vez, Margarita Robles no ha necesitado levantar la voz para volver a desmarcarse de su propio Gobierno. Y es que una imagen (un gesto en este caso) vale más que mil palabras.
Opinión
Robles hunde a Sánchez con un gesto y los socios le rematan: sus mentiras al descubierto
Benjamín López