efemérides
Del Sánchez apartado del PSOE al Sánchez que adelanta las urnas: diez años de un 5 de octubre a otro
El 5 de octubre de 2016 el socialista acababa de perder el control del partido en plena batalla por evitar unas terceras elecciones; exactamente una década después es él quien manda a España de nuevo a votar.
El 5 de octubre vuelve a cruzarse en la trayectoria política de Pedro Sánchez exactamente diez años después y con una fotografía completamente diferente. Este lunes, el presidente del Gobierno ha anunciado la convocatoria anticipada de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre, una decisión que pone fin antes de tiempo a una legislatura que durante meses había asegurado que pretendía agotar. Pero precisamente un día como hoy, el 5 de octubre de 2016, Sánchez atravesaba una situación radicalmente distinta: acababa de perder el control del PSOE y asistía desde fuera de la dirección del partido a una batalla política marcada, precisamente, por el intento de evitar que España tuviera que acudir de nuevo a las urnas.
Aquel otoño de 2016 España llevaba meses instalada en el bloqueo. Las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 no habían permitido formar Gobierno y los españoles tuvieron que volver a votar el 26 de junio de 2016. Mariano Rajoy volvió a ganar aquellas elecciones, con 137 diputados, pero continuaba necesitando apoyos suficientes para ser investido. El PSOE de Sánchez mantenía entonces su negativa a facilitar un Gobierno del PP y el riesgo de unas terceras elecciones comenzaba a convertirse en una posibilidad cada vez más cercana.
La presión terminó estallando dentro del propio Partido Socialista. Apenas cuatro días antes de aquel 5 de octubre, el 1 de octubre de 2016, Sánchez había perdido el pulso definitivo con sus críticos en uno de los comités federales más convulsos que se recuerdan en Ferraz. Después de horas de enfrentamientos internos y tras ser derrotada su propuesta de celebrar un congreso extraordinario, presentó su dimisión como secretario general. El partido quedó en manos de una gestora presidida por Javier Fernández y comenzó una nueva etapa en la que la abstención para permitir la investidura de Rajoy empezó a ganar terreno.
Así se llegó al 5 de octubre de 2016. Sánchez ya no dirigía el PSOE y eran otros quienes tenían que decidir si mantenían el "no es no" que él había defendido o permitían con su abstención que Rajoy continuara en La Moncloa. Sobre aquella decisión pesaba una amenaza evidente: si tampoco había investidura, España se encaminaba hacia unas terceras elecciones generales en apenas un año.
Los socialistas próximos a Sánchez mantenían entonces que resultaba difícil imaginar al ya ex secretario general pasando del rechazo frontal a Rajoy a facilitar su investidura. La fractura del PSOE era profunda y el futuro político del país dependía en buena medida de la decisión que adoptara un partido que acababa de apartar a su máximo dirigente.
Finalmente, el PSOE terminó absteniéndose y permitió la investidura de Mariano Rajoy a finales de octubre. Sánchez renunció incluso a su acta de diputado antes de aquella votación para no tener que romper la disciplina del partido ni abstenerse ante el candidato del PP. Meses después emprendería su particular regreso, recuperaría la Secretaría General frente a Susana Díaz y, en junio de 2018, alcanzaría La Moncloa mediante la moción de censura contra Rajoy.
Diez años después, aquel 5 de octubre adquiere una dimensión especialmente llamativa. El dirigente que entonces acababa de perder el control de su partido en medio de una crisis cuyo desenlace buscaba evitar unas terceras elecciones es hoy quien tiene en sus manos la facultad de disolver las Cortes y convocar a los españoles antes de tiempo.
Este 5 de octubre de 2026, Sánchez ha anunciado que España volverá a votar el próximo 29 de noviembre. La decisión supone abandonar el calendario que él mismo había defendido públicamente durante los últimos meses. Todavía el pasado mes de junio aseguró que habría elecciones en 2027 y sostuvo que las legislaturas estaban concebidas para durar cuatro años. Esa promesa ya forma parte del pasado.
Diez años han bastado para invertir completamente los papeles: del Sánchez apartado de Ferraz mientras España trataba de evitar volver a votar, al Sánchez presidente que este mismo 5 de octubre vuelve a convocar a los españoles a las urnas.