DISTRUBIOS BARCELONA

De París a Barcelona: la extrema izquierda ya quema las calles de España

Este sábado, el centro de Barcelona se ha convertido en un campo de batalla. Más de quinientos jóvenes, la mayoría encapuchados y vestidos de negro, convocados a través de las redes sociales en una manifestación no comunicada a las autoridades, han levantado barricadas, han quemado contenedores, han destrozado el mobiliario urbano y han saqueado una quincena de comercios: tiendas de informática, de telefonía, de ropa y hasta una parada de flores. Los Mossos d'Esquadra han practicado un centenar de detenciones y los Bomberos han apagado 33 incendios. Uno de cada cuatro detenidos es menor de edad.

El lema lo decía todo: "Contra el sistema, institutos en lucha". Es la traducción del movimiento de los Lycées Indignés, que está detrás de las movilizaciones estudiantiles de las últimas semanas en Francia. Los violentos de Barcelona han emulado los disturbios de París y de otras ciudades francesas. La ultraizquierda no inventa nad, lo importa.

Y no es solo Barcelona. La asociación de comerciantes Barna Centre había avisado de llamamientos en grupos de Telegram y WhatsApp para replicar estas protestas en Madrid, Valencia, Alicante y Bilbao.

Fíjense en el detalle más revelador de la noche. En la plaza de Cataluña hay desde hace tres semanas una acampada por la vivienda. Una protesta de izquierdas, pacífica. Pues bien: sus propios organizadores han impedido la entrada a los violentos. "No queremos convertir en violenta una protesta que llevamos semanas construyendo de manera pacífica", ha dicho su portavoz. Cuando hasta la izquierda que acampa tiene que protegerse de la extrema izquierda que quema, es que algo se ha roto.

También ha hablado el presidente de la Generalitat, Salvador Illa: "La violencia no tiene cabida en Cataluña. Nunca". Y el alcalde, Jaume Collboni: "No permitiremos que lo que ha pasado quede impune", con consecuencias para los mayores de edad y para los responsables legales de los menores. Palabras correctas. Ahora hacen falta hechos: que los detenidos sean puestos a disposición judicial, que se investigue cada caso y que la ley se aplique sin impunidad.

España va camino de Francia. Lo que hemos visto este sábado en Barcelona es la prueba. Y esto tiene nombre: es la ultraizquierda que desprecia la convivencia y entiende la protesta como pillaje. Quemar una parada de flores no es protesta social. Saquear una tienda de informática no es reivindicación juvenil. Es delincuencia, y hay que llamarla por su nombre.

A poco más de un mes de las elecciones del 29-N, la izquierda española tiene que elegir: o condena sin matices a los violentos, o los blanquea con su silencio. Este sábado, en Barcelona, ha condenado. Veremos cuánto dura.