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EDITORIAL

Sánchez se esconde de los últimos escándalos: llega achicharrado al Congreso del PSOE

La situación se ha complicado de una manera terrible para Pedro Sánchez: el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, ha sido señalado por la UCO como presunto filtrador. Y Juan Lobato, líder del partido en Madrid, juega un papel muy confuso

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un pleno en el Congreso.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un pleno en el Congreso.EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

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El Gobierno de Pedro Sánchez está al límite. Es difícil aguantar mucho más en esta situación que, además, tiene pinta de ir peor. El asunto de la filtración de datos fiscales privados de un particular, como es el novio de Isabel Díaz Ayuso, le está explotando delante de sus narices.

Todo huele a una maniobra orquestada desde la Moncloa en colaboración necesaria e indispensable con la Fiscalía General del Estado para tratar de hundir a la presidenta de la Comunidad de Madrid a cualquier precio. De todos es sabido que el cálculo político es el único criterio que inspira las acciones y movimientos de Pedro Sánchez y que está obsesionado con Ayuso.

La situación se ha complicado de una manera terrible para Pedro Sánchez: el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, ha sido señalado por la UCO como presunto filtrador. Y Juan Lobato, líder del partido en Madrid, juega un papel muy confuso en esta película -a ratos parece víctima de su propio partido y otros parece cómplice-, hasta el punto de ser llamado a declarar al Tribunal Supremo en principio como testigo.

Y a todo esto el Gobierno normalmente locuaz se ha quedado mudo. Nadie sabe muy bien qué hacer ni qué decir. Ni el propio Pedro Sánchez lo tiene claro. Al escándalo de la filtración de un correo entre el novio de Ayuso y la Fiscalía, se suma el caso Koldo y las revelaciones del comisionista Víctor de Aldama contra el propio presidente y medio Gobierno.

Si Pedro Sánchez esperaba un camino de rosas hasta el Congreso Federal del próximo fin de semana, lo cierto es que no ha podido equivocarse más. Este lunes ha sido horrible, pero nadie en la Moncloa ni en Ferraz saben a ciencia cierta si este martes o el miércoles o el jueves serán peor aún. La semana puede ser un calvario y la siguiente es probable que peor aún. Así no puede seguir un Gobierno y un presidente atosigados por la corrupción y por sus propias mentiras.

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