Sánchez pisotea la Constitución que dice defender: el Gobierno deja España en manos de sus enemigos
El movimiento se demuestra andando y la Constitución se defiende con hechos, no con palabras. Ya pueden Pedro Sánchez y sus ministros soltar frases hechas y topicazos sobre la Carta Magna, que la realidad les desdice, sus propios actos les llevan la contraria. Sánchez es un peligro para la supervivencia de la Carta Magna y del Estado de Derecho en España.
No se puede defender la Constitución y, a la vez, aprobar una ley de amnistía que es clara y rotundamente inconstitucional, como el propio Sánchez, sus ministros y los dirigentes del PSOE afirmaban hasta que necesitaron los siete votos del amnistiado prófugo para la investidura. No se está con la Constitución dejando la gobernabilidad de España en manos de sus enemigos, los socios independentistas de este Gobierno, que tienen un objetivo por encima de todos: acabar con la Constitución.
No es posible estar del lado de la Constitución y al mismo tiempo atacar al Poder Judicial por tierra, mar y aire. Matar la separación de Poderes es matar la ley de leyes. No se defiende tampoco la Constitución otorgando privilegios a un territorio por encima de los demás. La promesa de un concierto económico con Cataluña no solo es inconstitucional sino que destruye la igualdad entre españoles.
No se defiende la Constitución reformándola a la carta, de manera interesada y partidista, por la puerta de atrás, dando luz verde a leyes infumables y reescribiendo sentencias que perjudican políticamente al PSOE. Y eso es lo que está haciendo el Tribunal Constitucional más politizado de la historia, intervenido por Pedro Sánchez y controlado con mando a distancia desde La Moncloa.
Pedro Sánchez es cualquier cosa menos un defensor de la Constitución. Está destrozando la Carta Magna, reinterpretándola a su antojo y en su propio beneficio, destruyendo la credibilidad de las instituciones y el Estado de Derecho. Este 6 de diciembre, Día de la Constitución, es preciso denunciarlo una vez más y con más fuerza. La Constitución no necesita reformas sustanciales, necesita un Gobierno que la cumpla y la proteja.