Borrado y cuenta nueva

Un ejemplar de la Constitución Española de 1978
Acabáramos: no es que en el móvil del Fiscal General del Estado no se hayan encontrado mensajes sobre la filtración de datos personales de la pareja de Isabel Díaz Ayuso, es que lo que no hay son mensajes de ningún tipo. Que está vacío, vaya. Por eso llama mucho la atención la soflama de Pedro Sánchez, intencionadamente sesgada, en la que insta a que se pida perdón a su "ministro de fiscalías" por habérsele acusado injustamente.
Hace mucho tiempo que el Presidente del Gobierno confunde, en un intento de barrer para casa, el culo con las témporas, o lo que es lo mismo, el poder legislativo con el judicial, algo que para la presidenta de la Asociación Profesional de la Magistratura, Pilar del Barco, es un peligro en cualquier democracia que se precie, máxime cuando Sánchez no se ha cortado un pelo a la hora de afirmar que los jueces no han “completado” la Transición, lo que es una memez de libro teniendo en cuenta que la media de edad de los magistrados de este país es de 57 años (60 en el Supremo).
Hubo un tiempo no lejano en el que a nadie se le hubiera ocurrido saltarse ciertas líneas rojas que son las que trazó una Constitución que, mal que les pese a unos cuantos, es la que nos dimos y con la que no nos ha ido tan mal. Ahora esas líneas, que ya empezó a difuminar Zapatero, han pasado de ser muros de contención a obstáculos de una carrera de vallas que pueden saltarse alegremente y a conveniencia para llegar a la meta del poder. Una de esas líneas era la de que borrar supuestas pruebas no te convertían en inocente, sin embargo, traspasarla le ha costado al presidente lo mismo que otras muchas, o sea, nada.