El Rey, de nuevo, con autoridad, sobrevuela el partidismo

Don Felipe y Doña Letizia, Reyes de EspañaCASA S.M. EL REY

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La esencia de la democracia es la existencia de opiniones políticas diversas que se miden en las urnas, tras votar. Eso y el respeto de las mayorías y las minorías, es decir, apreciar la pluralidad. Nuestros mandatarios no son, ni deben ser, una superficial red social de constante debate segregador cuyo fin es ganar seguidores.  

Lógicamente, en un país como España hay asuntos donde la discusión pública debe ser incluso acalorada. Pero, existen también otros muchos

temas en los que las formaciones políticas deben exigirse moderación para llegar a grandes consensos que hagan posible garantizar el bien común de los ciudadanos. La vivienda, la inmigración, han sido en su décimo aniversario los ejemplos reales. 

Hace tiempo que los partidos han alzado tanto la voz que ya no existen opiniones diversas sino un ruido inmenso que les impide, incluso, que haya diálogo para acordar mejoras para todos. Y esto a la larga enferma el sistema democrático hasta pudrirlo. La división y el frentismo sin sentido son prácticas que gastan energías que no son eternas. Además, alejan a los ciudadanos al no sentirse representados por quienes solo son capaces de lanzar exabruptos sobre aquellos que piensan de manera diferente.

Esta Nochebuena el Rey ha estado una vez más en su sitio. Los que tienen la responsabilidad de gestionar lo público, el Estado, deberían sentirse muy concernidos tras escuchar el discurso de Don Felipe. Porque, el consenso es la esencia para el bienestar y el futuro de los españoles. Y el Rey, sin rodeos, se lo ha dicho, sobre todo, a los responsables de los grandes partidos españoles. Serenidad, coordinación, en definitiva, construir puentes para regar el jardín común, ha pedido.

Las instituciones públicas no pueden seguir manejándose entre luchas partidistas que embarran el espacio general. En España hay más cosas que nos unen a la mayoría que las que nos separan. Lo vemos claramente en las esferas familiar y social. Sin embargo, en la política se ha llegado ya hasta el punto que es imposible, ante una catástrofe como la DANA, que las administraciones, gestionadas por siglas diferentes, junten sus manos para ayudar de modo eficiente y resolutivo a aquellos a quienes ha arrasado la muerte y la catástrofe.

A.M.BEAUMONT