Sánchez está noqueado, pero no está muerto: lo que trama es para echarse a temblar
A Pedro Sánchez se le han torcido los planes de campaña. La impostura con la vivienda no le ha funcionado: los decretos que pretendía convertir en bandera electoral se estrellaron en el Congreso y la Diputación Permanente ya no sirve para el relato propagandístico que había diseñado. La violencia en las calles se le ha ido de las manos y los bailes, besos y coreografías del “partido de amor” quedan fuera de juego ante el luto nacional por las decenas de fallecidos en Urda. El accidente va a marcar la campaña. Sánchez está noqueado y lo sabe: no tiene argumentos sólidos para explicar cómo una línea de alta velocidad acumula dos tragedias gravísimas en menos de diez meses, con más de un centenar de muertos entre ambas.
Pero una cosa es estar noqueado y otra es estar muerto. Mientras respire no va a arrojar la toalla. Se juega demasiado y está dispuesto a intentar mantener el poder cueste lo que cueste. Con el intento de manipular el censo a través de la ley de nietos abortado por los tribunales, la estrategia de la vivienda fracasada y un accidente demoledor sobre sus hombros, resulta imposible que no esté tramando algo a la desesperada. Y ese algo puede ser cualquier cosa.
Antes del choque de Urda la remontada ya se antojaba muy, muy complicada. Ahora, con setenta fallecidos y un ministro que se niega a dimitir, parece imposible de todo punto. Aun así, la mente de Sánchez no descansa. Lleva años demostrando que es capaz de casi cualquier giro, cualquier maniobra y cualquier relato con tal de sobrevivir. Por eso conviene no bajar la guardia. Está noqueado, sí, pero no está muerto. Y lo que trama en estas semanas, sea lo que sea, es para echarse a temblar. Mucho ojo. Hay que estar vigilantes.