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Semana movida para Sánchez en el Congreso con Junts apretando: es una cuestión de desconfianza

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Esta semana la Mesa del Congreso de los Diputados va a admitir a trámite la PNL de Junts sobre la cuestión de confianza. Decían el Gobierno y el PSOE que eso de que la Cámara le pida al presidente del Gobierno que se someta a una cuestión de confianza es inconstitucional porque es una prerrogativa exclusiva suya y nadie puede obligarlo a hacerlo. Pues bien, por arte de magia parece que ya no es inconstitucional, según dice el ministro de Justicia, el tío más dispuesto a hacer el ridículo en el Ejecutivo de Sánchez.

En realidad nunca fue inconstitucional. Por pura lógica. ¿Por qué va a ser inconstitucional que el Congreso debata y vote una proposición en la que se insta al presidente a presentar una cuestión de confianza? Debatir no puede ser inconstitucional. Lo que ocurre es que a Sánchez no le interesa, le viene mal, pero peor le viene aún que su Decreto Ómnibus sea rechazado. Así que, a cambio de salvar los muebles con un decreto descafeinado, ha accedido a debatir lo de la cuestión de confianza que le exige Junts.

Sánchez sabe que necesita a Puigdemont, que depende de él de para resistir en La Moncloa. Y por eso trata de reconstruir la deteriorada relación con el prófugo, con la esperanza de que incluso llegue a aprobarle los presupuestos, su verdadera tabla de salvación. No va a ser fácil porque el fugado le torea y humilla por fascículos y Sánchez lo sabe y lo padece. Es una cuestión de desconfianza mutua y, a la vez, de interés mutuo.

Se odian tanto como se necesitan, pero Puigdemont juega mejor sus cartas y acaba ganando siempre la partida, la termina doblando el brazo a Pedro Sánchez cada vez que echan un pulso. Esa es la realidad y el drama para España, que vive pendiente de lo que diga el presunto delincuente de Waterloo. La semana pasada fue capaz de retrasar el inicio del Consejo de Ministros, con Bolaños, Pilar Alegría, Puente, Planas, Margarita Robles y el resto de ministros esperando en una habitación anexa a que Puigdemont se decidiera a aceptar la oferta de Sánchez. Vergonzosa y humillante escena, metáfora perfecta de lo que está pasando en España.

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