EDITORIAL
Reyes Maroto, 42 mensajes y una reunión con Aldama: debe dimitir
Más allá de las sospechas que levanta la intensa relación, lo cierto es que el hecho de haber mentido tanto y con reincidencia debería tener una consecuencia: su dimisión o su cese

La exministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, durante su comparecencia en el Senado por el caso Koldo.
La UCO tiene en su poder 42 mensaje de WhatsApp entre la ex ministra de Industria, Reyes Maroto, y el comisionista de la trama de las mascarillas, Víctor de Aldama. El diario El Español los ha publicado este domingo y en ellos no se observa nada ilegal, a priori. No constituyen una prueba de que Maroto pudiera estar enredada en la red de corrupción que campaba a sus anchas en diferentes ministerios y comunidades autónomas gobernadas por el PSOE, pero sí demuestran que la exministra, actual portavoz socialista en el ayuntamiento de Madrid, ha mentido de manera flagrante y reiterada sobre su relación con Aldama. Y eso debería ser más que suficiente para dimitir.
Maroto primero aseguró que no había tenido ningún contacto con Aldama ni le conocía de nada. Pronto se publicaron un para de mensajes de Whatasapp entre manos que dejaban bien a las claras que la exministra mentía. Ella reconoció ese mensaje sin despeinarse e incluso reconoció que podía haber alguno más, pero afirmó que todos ellos "se limitan a un proyecto de reactivación turística que finalmente no se desarrolló". Mentira sobre mentira y en sede parlamentaria, pues esa afirmación la hizo en su comparecencia en la comisión de investigación del Senado. Reyes Maroto y Aldama mantuvieron contacto durante dos años, nada menos, intercambiaron cuatro decenas de mensajes en ese tiempo, se enviaron correos electrónicos y mantuvieron al menos una reunión presencial.
Hace unos días la ministra afirmó que no recordaba si había conocido personalmente a Aldama, pero lo cierto es que la tuvo. Se reunió con el comisionista y con Javier Hidalgo, CEO de Globalia, para hablar del rescate de Air Europa por 475 millones de euros. No era precisamente un tema menor ni un tema más. Difícil olvidarlo y difícil también creer que haya podido olvidarlo.
Más allá de las sospechas que levanta la intensa relación de Reyes Maroto con Aldama, lo cierto es que el hecho de haber mentido tanto y con reincidencia debería tener una consecuencia: su dimisión o su cese. La mentira debería penalizar en política. De hecho lo hacía hasta hace no tanto. Si un ministro era cazado engañando a la opinión pública, el precio era su cabeza. Desde que Pedro Sánchez llegó al poder eso ha cambiado de forma radical. De lo contrario él mismo tendría que haber dimitido hace mucho. El caso es que ahora nadie dimite por nada y mucho menos por mentir.