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LA MIRILLA

Ni la IA ni las RRSS, la estúpida mayoría social de Sánchez

Pedro Sánchez, este martes, en un acto en Aragón.

Pedro Sánchez, este martes, en un acto en Aragón.RAMON COMET

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Si se leen algunas cosas, las redes sociales, la inteligencia artificial y los móviles nos llevan sin remisión al fin de las democracias. Estos instrumentos “diabólicos” nos van a convertir en tontos a todos sin don para elegir, lo que terminará por consumir el raciocinio humano para distinguir. España siempre ha sido así, muy de negar lo que desconoce y, por ello, demasiadas veces, incapaz de subirse a los trenes de larga distancia que pasan por delante. 

Mientras proliferan los debates de este tipo desde grandes medios de comunicación del país, se deja de mirar algo que sí consideró pone en jaque nuestro sistema democrático. La política, desde hace demasiado ya, más bien parece la crónica de la sección de sucesos o tribunales. Pedro Sánchez y su Gobierno, en este momento, viven un diario de noticias que cada cual huele peor manchadas por la porquería de la corrupción. Y, además, no tiene visos de que este rosario de sobresaltos policiales y judiciales vaya a remitir en breve. Todo lo contrario. 

¿Es el sistema democrático el que hace aguas ante tanto desastre político? No. Es un Gobierno, irresponsable, que no ha actuado como debía porque pensó que el llegar al poder le concedía un salvoconducto para hacer cualquier cosa. Apropiarse del Falcon, mentir, decretar estados de alarma sin atenerse a lo marcado por la ley, conceder indultos, amnistías, asaltar instituciones, cerrar el parlamento, atacar con medios del Estado a rivales políticos, sortear la Constitución, vivir del decreto y, por ende, evitar los controles para que nadie pueda meter la mano en la caja pública. Un suma y sigue cada vez a peor. 

¿Cómo se resuelve tanto desvarío? Volviendo a repartir las cartas. Es decir, devolviendo el poder a los ciudadanos para que, a pesar de las redes sociales, la IA y los móviles “iliberales”, pongan orden en nuestro sistema. Y que quien gane las elecciones se comprometa a reconstruir los tejidos dañados a los controles que un Estado de Derecho tiene bien implantados, pero, que esa estúpida, por subjetiva, teoría de la mayoría social sanchista ha colocado patas arriba. 

A. M. BEAUMONT

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