Conde-Pumpido juega con fuego y se puede quemar: no todo vale
No es una especulación o una opinión. Es una advertencia que ha lanzado el Tribunal Supremo a Conde-Pumpido y sus soldados
El presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, y los otros seis magistrados izquierdistas que conforman la mayoría ‘sanchista’ están jugando con fuego. Llevan al límite la actuación del Constitucional, estirando las costuras de la Carta Magna para amoldarla a las necesidades políticas del Gobierno o, mejor dicho, del presidente del Gobierno.
No es una especulación o una opinión. Es una advertencia que ha lanzado el Tribunal Supremo a Conde-Pumpido y sus soldados. Concretamente ha sido el juez Andrés Palomo. En un auto reciente afirma que si bien el art. 4.2 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional establece que "las resoluciones del Tribunal Constitucional no podrán ser enjuiciadas por ningún órgano jurisdiccional del Estado", eso "no equivale a una suerte de inviolabilidad de los miembros del Tribunal Constitucional en el ejercicio de sus funciones". Y deja claro que si se extralimitan en sus funciones podrían ser investigados por prevaricación.
No se descarta que pueda ver la luz un segundo auto desde el Tribunal Supremo en este mismo sentido, lo que constituiría ya no un aviso sino una clara amenaza a los siete miembros de la mayoría ‘sanchista’ justo cuando acaban de dar los primeros pasos para revisar la ley de amnistía y su aplicación al fugado Carles Puigdemont.
Y es que en el proyecto de Pedro Sánchez, el Tribunal Constitucional más politizado e intervenido de la historia es un seguro de vida, la clave de bóveda de su maquiavélico plan. Conde-Pumpido tiene el poder de convertir lo clamorosamente inconstitucional, como la ley de amnistía, en plenamente constitucional si eso es lo que interesa y necesita Sánchez. Así, con el árbitro a favor, es muy difícil que al inquilino de La Moncloa se le tuerza su proyecto.
Por eso la advertencia del Supremo es tan importante. Le está avisando de que no todo vale, de que no tienen patente de corso y de que los posibles abusos que cometa la mayoría sanchista del Constitucional pueden ser investigados y en su caso castigados. Alguien tiene que pararle los pies al aprendiz de dictador que se ha atornillado al sillón del poder y el Supremo es la última esperanza.