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Un terrorista en el Congreso

Mohamed Houli Chemla, a su llegada al Congreso de los Diputados

Mohamed Houli Chemla, a su llegada al Congreso de los DiputadosEuropa Press

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El jueves pasado ocurrió en el Congreso de los Diputados unos de los actos más indignantes que se han producido en la historia democrática española. El PSOE permitió que acudiera a declarar físicamente Mohamed Houli Chemlal, uno de los condenados por los ataques terroristas yihadistas ocurridos en Cataluña en 2017 que produjeron 16 muertos y 140 heridos. Esta presencia obligó a un fuerte despliegue de policías armados en la propia sala de la comisión de investigación, así como a un fuerte dispositivo policial en las inmediaciones del Congreso de los Diputados.

Esta presencia del terrorista fue autorizada por la presidenta del Congreso Francina Armengol a petición de aquellos que están permitiendo que Pedro Sánchez continue en la Moncloa. Este espectáculo es un síntoma más de la degradación democrática a la que está sometiendo este gobierno al Estado de Derecho y que ha ocasionado que España descienda al puesto 46 en el ranking internacional de calidad democrática, situándonos al nivel de Ruanda o Botsuana al calificar a nuestra situación política como “democracia defectuosa”.

El Grupo Popular abandonó la comisión por respeto a la memoria de las personas asesinadas por este terrorista, en cambio el grupo socialista se quedó a escucharlo, aguantando la humillación de comprobar como el terrorista condenado solo contestaba las preguntas de Junts, ERC y Bildu y como acusaba al CNI de conocer que se iba a producir el atentado y no lo evitó. El terrorista afirmó que no denunció este hecho en el acto del juicio por miedo pero que ahora quería colaborar con los grupos independentistas que pidieron su comparecencia en la Comisión. Toda la comparecencia del condenado por terrorismo yihadista desprendió un olor nauseabundo, lo cual no impidió al grupo socialista ser testigo mudo, pero complaciente, durante el tiempo que duró la declaración en la citada Comisión de Investigación. Lo curioso es que ningún otro grupo abandonó la sala contribuyendo al esperpento de un terrorista paseándose por la sede de la soberanía popular.

No podemos olvidar que esta Comisión fue exigida por Junts y ERC como pago de la investidura de Pedro Sánchez hace un año, pero el precio lo estamos pagando todos los españoles con la humillación que supone que un terrorista acuda al Congreso a insultar al Estado. Por desgracia este esperpento consentido por los socialistas contribuye al descrédito internacional de España y provoca que nos miren con recelo por el deterioro de nuestras instituciones y nuestra renuncia, como Estado, a hacer frente al terrorismo yihadista escuchando y dando altavoz a la propaganda de estos asesinos.

La falta de dignidad democrática que acredita Francina Armengol consintiendo que el Congreso se convierta en un altavoz de terroristas y de las pretensiones de los grupos que quieren destruir la democracia española, no solo afecta a su propia honestidad sino que es un hito más en la deriva en la que está cayendo el partido socialista desde que Sánchez está de secretario general, que está dispuesto a ceder en todo y a cualquier precio a cambio de su permanencia en la Moncloa.

Puigdemont, Junqueras y Otegi buscan la demolición de España y nunca tendrán mejor momento que el actual en el que sus votos son los que mantienen en el poder a un presidente el gobierno con tanta ambición de poder como pocos principios y unos dirigentes socialistas incapaces de alzar la voz y mantenerse mudos ante la indecencia. Por eso es incomprensible que nadie en el PSOE recuerde, contemplando lo ocurrido en el Congreso el jueves pasado, a los anteriores lideres socialistas que siempre defendieron al Estado impidiendo que se traspasaran las líneas rojas, y sobre todo es increíble lo pronto que han olvidado a Rubalcaba y sobre todo de las palabras con las que describió a Sánchez definiéndolo como un radical exento de ideología, frase que lo define con claridad.

Sánchez ha entregado al trio de la demolición democrática, Puigdemont, Otegi y Junqueras, un triunfo consistente en que un terrorista condenado acuda al Congreso a llamar terrorista al Estado español, sin que la izquierda política y mediática se horrorice. Es indecente que Sánchez y sus ministros se dediquen a insultar a los jueces y atacar a la Justicia, pero enmudezcan ante un terrorista y ante aquellos que traen terroristas al Congreso, sin duda el premiar a delincuentes es parte del nuevo ADN socialista, lo hemos visto con los indultos, con la ley de amnistía, con la rebaja de penas de los delitos de corrupción, con la protección de los okupas, con el pacto con Bildu para excarcelar a los etarras y con la suelta de violadores y pederastas tras la ley del sí es sí, todo ello como pago para seguir en la Moncloa. Pero lo peor es que “veremos más cosas que nos helaran la sangre” como le dijo a Patxi López la madre del socialista Joseba Pagazaurtundua, asesinado por ETA.

Pero como dijo el premio Nobel de Medicina el francés Alexis Carrel. “El sentido moral es de gran importancia. Cuando desaparece de una nación, toda estructura social va hacia el derrumbe”.

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