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EDITORIAL

Alemania gira a la derecha: ¿es comparable con el caso español?

La CDU no pactará con Alternativa por Alemania (AfD) y Sánchez aprovecha para pedirle a Feijóo que tome nota y se aleje de Vox, mientras él pacta con la extrema izquierda y los enemigos de España

(Foto de ARCHIVO)
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, mantiene un encuentro con el presidente de la CDU, Friedrich Merz, en Berlín.

(Foto de ARCHIVO) El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, mantiene un encuentro con el presidente de la CDU, Friedrich Merz, en Berlín.

DAVID MUDARRA

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Los vientos en Europa soplan a favor de la derecha. Ya solo queda España con un Gobierno de izquierdas y, según todas las encuestas, es cuestión de tiempo que caiga también. Los alemanes han votado abrumadoramente opciones de derecha: a falta de los resultados oficiales definitivos, el 29% lo ha hecho por el partido conservador, la CDU, una suerte de PP germano, y el 20% ha optado por la derecha más a la derecha, Alternativa por Alemania (AfD), algo parecido a Vox, que se sitúa como segunda fuerza. Entre ambas suman el 49% de los votos nada más y nada menos. 

Ahora bien, en el caso alemán es bastante improbable que la CDU y AfD se alíen para formar Gobierno. De hecho el candidato conservador, ganador con claridad de las elecciones, Friedrich Merz se ha apresurado a descartar esta posibilidad, en consonancia con lo que ya había adelantado en la campaña electoral. 

Este decidido rechazo a la ultraconservadora AfD por parte de Merz le ha servido a Pedro Sánchez para pedirle al PP que tome nota de lo que ocurre en Alemania y deje de ser "la derecha tutelada" por la "internacional ultraderechista" en la que los socialistas meten a Trump y a Vox, por supuesto. Pero es que en Alemania se juega con reglas distintas a las de España. Allí se ve con cierta naturalidad que los populares y los socialistas pacten un Gobierno. Aquí, eso suena como un imposible, y más aún con Sánchez, el señor "no es no". 

Pedro Sánchez no tiene autoridad moral de ningún tipo para exigirle nada al PP y menos en lo que se refiere a socios con los que pactar.

A Pedro Sánchez, como de costumbre, la internacional ultraderechista le importa un bledo y le preocupa dos, pero lo ve como una oportunidad para su relato político: el miedo a la extrema derecha que tan buen resultado le dio en las últimas elecciones generales. 

Sánchez quiere imponerle al PP un veto a Vox por mera estrategia política, porque si Feijóo entra al trapo sería tanto como quedarse sin aliados y, en consecuencia, sin posibilidad de lograr una mayoría de investidura. La exigencia de Sánchez podría tener cierta credibilidad si él mismo predicara con el ejemplo, pero hace todo lo contrario.

Sánchez, ya lo hemos visto, mientras quiere que el PP renuncie a Vox, pacta con la extrema izquierda de Sumar y Podemos, y con los separatistas catalanes y vascos, enemigos de España, de todo pelaje y condición, desde proetarras a izquierdistas, pasando por conservadores vascos y catalanes.  

En Alemania se juega con reglas distintas a las de España. Allí se ve con cierta naturalidad que los populares y los socialistas pacten un Gobierno

El inquilino de la Moncloa no tiene autoridad moral de ningún tipo para exigirle nada al PP y menos en lo que se refiere a socios con los que pactar. Vox, se mire como se mire, es un partido que respeta la ley y la Constitución, cosa que no se puede decir de la amalgama de partidos que invistió a Sánchez.

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