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El conservador Friedrich Merz, muy probable futuro canciller de Alemania

El conservador Friedrich Merz, muy probable futuro canciller de AlemaniaCONTACTO vía Europa Press

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Votaron el domingo los alemanes en unas elecciones que otrora hubieran tenido temblando como una vara verde a los europeístas de pro y especialmente a los izquierdistas en general, sin embargo se vivieron sin la menor emoción por el resultado. Esa falta de alma electoral no fue porque se sabía a ciencia cierta que se iban a cumplir las previsiones de los sondeos realizados los días anteriores, no. Fue porque, y esto es lo que realmente debería sorprender e incluso asustar, aunque los resultados no se hubiesen ceñido a la curva de regresión, con las extrañas amistades electorales que tan de moda se han puesto, el gobierno no hubiera sido muy diferente del esperado previamente. Aunque allí, al menos van a formar gobierno los más votados.

Ganó CDU/CSU, los populares de allí, vamos, que es a los que les corresponde formar gobierno. Lo sangrante es que anunciaron a bombo y platillo que no gobernarían con el derechista partido nacionalista AfD, que consiguió ganar la confianza de más de diez millones de alemanes, aunque ello los abocara a pactar con partidos de tan escasa fiabilidad como son los de izquierda y ultraizquierda, y hasta con el delantero centro del Hansa Rostock si hubiera hecho falta. Un pacto con el diablo.

Al menos no engañaron a sus votantes, concepto al que no estamos acostumbrados los españoles, que hemos aceptado con una pasividad y sumisión impropia de un país tradicionalmente indomable que los partidos no cumplan lo que prometen y además no se les puedan exigir cuentas con el compromiso adquirido, parece que sólo hasta la jornada de reflexión.

Por no hablar de los pactos vergonzosos que se hacen con partidos que, recordemos, no obtienen más que unos cuantos miles de votos, cuatro votos, que decimos en mi pueblo vamos, y son los que agarran al gobierno de turno por el nudo de la corbata, amenazando con apretar si no se cumplen sus caprichos, aunque no se vayan a atrever, pues significaría la pérdida de su posición ventajista en el chantaje. Todo esto a cuenta de millones de españoles a los que venden por satisfacer egos personales y aferrarse al chollo del siglo.

Capítulo aparte merecen esos defensores de partidos políticos, que se tragan sapos del tamaño de Bielorrusia, comprando, repitiendo y divulgando el discurso que les dictan sus amados líderes desde la cima de nuestros impuestos. Sapos incluso envenenados con traiciones que “nos harán helar la sangre”.

Y no, no estoy pensando en ningún partido político. Aunque espero que usted sí.

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