Alegato de un católico contra el movimiento 'woke'

Hoy el obispo Munilla hacía una reflexión en su artículo sobre la conferencia que el pasado 14 de febrero pronunció en Múnich el vicepresidente de EEUU, JD Vance. En ella Vance abroncaba a los dirigentes europeos, diciéndoles que el principal enemigo de su seguridad no es tanto China o Rusia, sino la traición de Europa a sus propios principios. El discurso de JD Vance se quedó en la primera capa del problema, sin llegar a profundizar en las causas del problema. La libertad de expresión, que hasta hace escasos años había sido un principio fundamental para occidente.
La pregunta es obligada: ¿cuál es la razón de un cambio tan radical de opinión? Para mí es la aparición ideológica del relativismo. Una vez que hemos dejado de creer en la existencia de la verdad objetiva, hacia la cual cada uno de nosotros tiene el deber de conformarse en conciencia, entonces el principio del respeto a la libertad queda sin razón de ser.
Bajo mi punto de vista este cambio de paradigma tiene todo que ver con la imposición de la ideología woke en la tierra en el que cualquiera que se atreva a disentir de los parámetros del nuevo orden mundial es acusado de casposo y de promover el odio. Una de las bases fundamentales en las que se sustenta este nuevo orden mundial es especialmente la imposición de una pseudo antropología de estado, inspirada en la Ideología de Género.
Lo dijo muy claro el Papa Francisco el 1 de marzo de 2024 cuando afirmo que «la ideología de género es el peor peligro de nuestro tiempo». Más claro agua. Pongo un ejemplo concreto todavía reciente: se pretende prohibir que las personas con inclinaciones homosexuales puedan ser acompañadas para vivir la sexualidad conforme a la moral y la fe católica. Al mismo tiempo, se promulga una ley trans por la que se permite que unos menores de edad puedan recibir tratamientos hormonales y/o ser sometidos a operaciones de cambio de sexo sin el permiso de sus padres.
Como bien expresa el Obispo Munilla: ¿cabe una contradicción mayor? Por desgracia, no se trata de un caso aislado, sino que como les dice Jesús a escribas y fariseos: «...y como éstas hacéis muchas» (Marcos 7, 13). Por algo será que San Juan Pablo II repetía una y otra vez su conocido eslogan: «No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo». Obviamente, la verdad puede dar miedo a primera vista, porque es exigente y nos llama a la conversión. Pero, no olvidemos que «la verdad nos hace libres» (Jn 8, 32).
Desde estas líneas llamo a combatir lo woke, convencido de estamos en el tablero de una contienda espiritual y religiosa en la que, como cristianos, nos lo estamos jugando todo. La ideología woke es una ideología de ruptura que nos tiene que tener a los cristianos en alerta y en un continuo rastreo de los vectores de opresión en la sociedad, especialmente en lo referido a la raza, el género y la sexualidad.
Aunque esta ideología se presenta como una lucha benévola por la justicia yo les digo que está lejos de serlo, porque nos embelesa apelando a nuestra mejor naturaleza, reemplaza los principios inteligibles por otros distorsionados y da como resultado incoherencia y caos. Esta ideología se ha ido filtrando como un veneno en personas desprevenidas, sin ser conscientes de cómo esta doctrina corrompe el cristianismo al convertirlo en una religión sin justicia, sin misericordia y sin Cristo.
Por ello advierto en este artículo que ante lo woke, los cristianos nos lo estamos jugando todo. La concepción cristiana del hombre es la de hecho a imagen y semejanza de Dios, con un intelecto dirigido a la verdad y una voluntad orientada hacia el bien. Para lo woke, en cambio, esta comprensión de la persona no debe ser en base a la cercanía con la bondad de Dios, sino en la cercanía a la maldad de la sociedad, definiéndose cada persona en base a los criterios de opresión y oprimido.
Un ejemplo claro es que si la opresión está en el meollo de la feminidad, como dicen los woke, la perfección de la mujer consiste en luchar contra su opresión y la conquista del poder. Una mujer que no sea feminista, está negando algo central a su condición de mujer. Lo woke se trata de un movimiento que atenta directamente contra las bases de la civilización cristiana. Y con ella, también a sus componentes básicos, como son la familia, la vivencia de las virtudes cristianas en la sociedad y, especialmente, la persona, la razón y la autoridad, a las que se imponen respectivamente los tres dogmas woke: colectivo, voluntad y poder.
Como católicos tenemos la obligación moral de lanzar un mensaje directo y especialmente libre, sin ataduras ideológicas ante las que renunciar a su intención de ofrecer una respuesta cristiana a esta corriente de moda que es lo woke. La ideología woke se ha ido filtrando como un veneno en personas desprevenidas, sin ser conscientes de cómo esta doctrina corrompe el cristianismo al convertirlo en una religión sin justicia, sin misericordia y sin Cristo.
El ayer y hoy de lo woke, el "seréis como dioses"
Los orígenes de lo woke se asemejan a la serpiente embaucando a la primera mujer con las palabras "seréis como dioses". Como resultado, surge en los hombres una tentación tan vieja como nueva, y es la de pretender que, comerciando nuestro bien supremo a cambio de bienes menores, lograremos la autodeterminación y volvernos autónomos y poderosos.
Esto es lo que promulga en resumen lo woke. Lo woke se trata de "una secta que va directa a colisionar contra el cristianismo y que rechaza las tres características de Dios, la razón, la persona y la autoridad, a través de tres nuevos dogmas: La primacía del grupo sobre la persona, un énfasis en la voluntad a expensas de la razón o naturaleza y la prominencia del poder humano como rechazo a una autoridad superior.
Lo 'woke' contempla a la persona en base a su maldad
Hay que decir sin miedo que el ser humano esta hecho a imagen y semejanza de Dios, con un intelecto dirigido a la verdad y una voluntad orientada hacia el bien. Para lo woke, en cambio, esta comprensión de la persona no debe ser en base a la cercanía con la bondad de Dios, sino en la cercanía a la maldad de la sociedad, definiéndose cada persona en base a los criterios de opresión y oprimido.
Un ejemplo claro es que si la opresión está en el meollo de la feminidad, como dicen los woke, la perfección de la mujer consiste en luchar contra su opresión y la conquista del poder.
La Ley Natural
Todo tiene forma y una finalidad en la cual estriba su perfección, permite mirar lo que somos y actuar en armonía con la naturaleza, a modo de guía tanto para el comportamiento como para las leyes que guían a la sociedad. Se trata de algo que, para lo woke, supone una amenaza existencial, pues sirve al mismo tiempo como autoridad y medio de opresión para lo que consideran el yo auténtico.
De esta forma, sus partidarios pretenden una ley meramente humana que tiene sus raíces en la voluntad de quien esté en el poder, lo que implica no pocos peligros. Una vez que se rechaza la ley natural, se puede justificar cualquier actuación mal encaminada si puede alegarse que es en aras de un buen fin. Una secuencia rebosante de riesgos que niega la realidad de un mal intrínseco, socava nuestro sistema moral y podría llevar a repetir de nuevo "las peores atrocidades que el mundo ha conocido". El significado de la autenticidad, también pervertido por la doctrina woke para argumentar su destrucción.
Así, para lo woke la autenticidad consiste en que la persona se amolde a sus propias apetencias y deseos, así como el ir amoldando nuestras creencias y actitudes a la teoría woke. En otras palabras, la autenticidad consistiría en el dios del yo o de la ideología. Es decir sustituir a Cristo por la ideología. En eso están. Algo muy distinto a la visión cristiana, por la que una persona se vuelve auténticamente ella misma luchando contra el pecado y amoldando nuestra mente y vida a Dios.
Nuestra autenticidad está ligada a su autoridad, por lo que al crecer asimilándonos a Él, nos volvemos más auténticamente nosotros mismos. Los woke se proclaman a sí mismos no sólo como un desafío a la ley moral, sino como víctimas de ella. Así, la ley moral, "manifestación del Logos", se convierte en causante de opresión, y la turba woke, en la víctima.
Algo que se ha mostrado con multitud de ejemplos, como el referido de la activista Emily Keglor, convencida de que "la Iglesia continúa perpetrando violencia espiritual y física contra las personas queer y trans", así como de la necesidad de "reducir el perenne trauma religioso que el cristianismo institucional pretende ejercer sobre ellos". Esto os resultará familiar por desgracia porque es la lanza que usan frecuentemente los woke para atacar a la iglesia.
Hacen creer los woke a las personas que los seres humanos somos tontos, borregos y que no tenemos personalidad. Eso es precisamente lo que buscan ellos. En su perversión del cristianismo, los woke ensalzan y glorifican no a la única víctima verdadera por cuya sangre se nos hace inocentes, sino a los dioses de la turba woke, por cuya victimización se nos hace culpables.
Nosotros los católicos seguimos a Cristo, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, que no quiere ser libres y felices para siempre y no como los Woke que nos quieren esclavos y con una felicidad finita y que es la que ellos nos quieran dar. Luchemos. Viva Cristo Rey.