ENFOQUES DEL DIRECTOR
La izquierda domesticada por Sánchez: Yolanda Díaz y Rufián, perrillos falderos del Gobierno
Pedro Sánchez es malo y hábil, una combinación muy peligrosa para un político. Lo de malo no requiere explicación: es obvio. Carece de escrúpulos y de principios. Lo de hábil lo ha vuelto a demostrar en el Congreso, no por su discurso —que ha sido falso, mentiroso y cínico—, sino por el de Sumar y Esquerra, sus socios más izquierdistas, que han sido incapaces de criticar lo más mínimo a Pedro Sánchez y sus planes de rearme disfrazados de salto tecnológico.
El presidente del Gobierno ha logrado domesticar a Rufián y a Yolanda Díaz, que se comportan como dos perrillos falderos. Rufián, absolutamente en contra de que España se rearme, evita criticar a Sánchez en un debate sobre el aumento del gasto militar y dedica su verborrea habitual a atacar al PP, a Feijóo, a Mazón, a Vox y a Abascal. A Sánchez le lame la mano. Y Yolanda Díaz, con Sumar, tres cuartos de lo mismo. En una corrida los devolverían al corral por mansos.
Solo Ione Belarra, la líder de Podemos, ha estado a la altura de lo que se espera de la izquierda. Ha atacado sin piedad y sin ahorrar calificativos a Sánchez. "Señor de la guerra" que nos lleva "al borde de la III Guerra Mundial", le ha llamado, lo mismo que le decían a Aznar. Eso le ha tenido que molestar mucho al inquilino de La Moncloa.
La realidad es que el discurso de Belarra, forzosamente, ha tenido que gustar a los votantes de izquierdas: tópicos de toda la vida, mensajes antibelicistas y antimilitaristas, acompañados por una concentración del "No a la Guerra" en las escalinatas del Congreso.
Más allá de esos mensajes hiperbólicos, Belarra, con Podemos, ha retratado a Sánchez con un puñado de verdades: por mucho que nos mienta, le ha dicho, la realidad es que va a duplicar el gasto en defensa, va a comprar tanques, misiles y aviones, y va a emprender un rearme sin precedentes en nuestro país. Y no quiere llevar al Congreso unos presupuestos porque ahí se vería reflejado todo eso.
Belarra, con la que discrepo en el 99% de los asuntos, al menos hoy ha mantenido la dignidad y la coherencia de la izquierda. Lo de perro faldero se lo ha dejado a Rufián y a Yolanda Díaz, sometidos a Sánchez de una manera que, seguro, hasta a sus votantes les da vergüenza.