ESdiario

editorial

María Jesús Montero y su diarrea verbal: de disparate en disparate

No se trata solo de contradicciones personales, sino de una mentalidad que desprecia la libertad de elección y la diversidad educativa

María Jesús Montero

María Jesús MonteroAlex Zea

Creado:

Actualizado:

María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, ha convertido el fin de semana en un desfile de diarrea verbal que pone en jaque los cimientos de la democracia. En apenas dos días, la socialista ha atacado la presunción de inocencia y ha cargado contra las universidades privadas con una retahíla de disparates que retratan su desprecio por las libertades fundamentales. Lejos de rectificar, Montero se regodea en su incoherencia, dejando claro que su visión de España pasa por el dogma y no por el respeto a los principios democráticos.

El sábado, la ministra se lanzó contra la presunción de inocencia, un pilar básico de cualquier Estado de derecho. Con una frivolidad alarmante, cuestionó este principio esencial, como si el poder que ostenta le diera licencia para pisotear garantías que protegen a todos los ciudadanos. No es un desliz menor: es un ataque frontal a la justicia y a la igualdad ante la ley, valores que el PSOE dice defender pero que Montero dinamita con su verborrea.

Al día siguiente, sin pausa para la reflexión, arremetió contra las universidades privadas, acusando a sus alumnos de “comprarse un título” y sugiriendo que el acceso a ellas debería limitarse porque beneficia a quienes tienen recursos. Olvida mencionar que su jefe, Pedro Sánchez, estudió en un centro privado adscrito a la Complutense y se doctoró en la Camilo José Cela, también privada. La hipocresía no tiene límites.

No se trata solo de contradicciones personales, sino de una mentalidad que desprecia la libertad de elección y la diversidad educativa. Universidades como Harvard o Stanford, privadas y referentes mundiales, demuestran que la calidad no entiende de etiquetas. Pero Montero prefiere la demagogia barata a los hechos. Este fin de semana no ha sido un tropiezo: ha sido un retrato descarnado de una política que salta de disparate en disparate, erosionando la democracia mientras su partido calla. España merece algo más que esta vicepresidenta de ocurrencias y cinismo.

tracking