Enfoques del director
La cobardía de Sánchez y la servidumbre de Conde-Pumpido llevan al límite al Tribunal Constitucional
(Foto de ARCHIVO) (I-D) El presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, el presidente del Congreso, Pedro Sánchez, y la presidenta del Congreso, Francina Armengol.
El Tribunal Constitucional (TC) atraviesa una crisis de legitimidad sin precedentes, y el culpable tiene nombre: la combinación de la cobardía de Pedro Sánchez y la obediencia ciega de Cándido Conde-Pumpido, su presidente. El último episodio de este sainete se escenifica en el fracaso de Conde-Pumpido al tratar de impedir que la Audiencia Provincial de Sevilla eleve al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) una cuestión prejudicial sobre la sentencia del TC en el caso de los ERE. Lo que está en juego no es menor: la ‘absolución’ encubierta de Manuel Chaves, José Antonio Griñán y el resto de condenados en el mayor escándalo de corrupción de la democracia española.
Sánchez tenía una salida legal: el indulto. Como prerrogativa del Gobierno, podría haberlo concedido, asumiendo el coste político de perdonar a socialistas condenados por malversar cientos de millones de euros. Pero el presidente, en un alarde de cálculo y falta de valor, esquivó la polémica.
Indultar a sus camaradas del PSOE en un caso tan flagrante habría sido un escándalo difícil de digerir, incluso para sus votantes más fieles. Así que optó por una maniobra más sibilina: delegar el problema en el TC, con Conde-Pumpido como fiel ejecutor.
El magistrado, siempre dispuesto a servir al poder político que lo aupó, lideró una sentencia que ahora pende de un hilo. La Audiencia de Sevilla ha puesto el dedo en la llaga al sospechar que el fallo del TC podría vulnerar el derecho europeo, y el TJUE tiene la última palabra.
Si Luxemburgo tumba la resolución, el ridículo será mayúsculo: Sánchez quedará expuesto como un líder débil que rehúye responsabilidades, Conde-Pumpido como un presidente del TC servil y el propio Tribunal como una institución al borde del descrédito.
La jugada maestra de Sánchez para evitar el desgaste del indulto puede acabar en un boomerang que dinamite su estrategia y deje al Constitucional en una posición insostenible. La cobardía y la sumisión, al final, siempre pasan factura.