La soberbia e inutilidad de la ministra, mujer, madre y médica

La ministra de Sanidad, Mónica García
Los médicos han dicho ¡basta! La ministra, mujer, madre y médica se está cargando uno de los pilares del Estado de Bienestar. Bien le advirtieron a Pedro Sánchez, cuando a propuesta de Yolanda Díaz, nombró ministra de Sanidad a Mónica García que era un peligro público. La inutilidad más absoluta cargada de sectarismo. Su fama le precedía, allí donde había estado había sido una polémica constante y la más pura ineficacia.
Sin embargo, Sánchez valoró dos cosas en el momento de ponerla al frente del Ministerio, su inquina contra Isabel Díaz Ayuso y alejarla de Madrid, donde su formación había arrebatado la segunda plaza en las elecciones autonómicas al PSOE. Después, todo lo que ha seguido es una crónica anunciada. Tenemos uno de los mejores sistemas de salud mundiales y Mónica García, pese a que la mayoría de competencias las tienen las Comunidades Autónomas, va extendiendo desde su despacho una exasperante crispación que ha terminado por hartar al colectivo sanitario. El borrador del Estatuto Marco de los sanitarios es ese último peso puesto sobre la mesa que la ha derribado de golpe. Los médicos no aguantan más.
La prepotencia de la ministra García hace que los profesionales de la medicina no puedan ni hablar con ella sobre sus particularidades formativas o sus exigencias laborales. La puerta de su despacho está cerrada y las señales que salen de él son insultos y menosprecios hacia los galenos. Todos unidos, los que con su esfuerzo y profesionalidad hacen que nuestro país tenga un sistema de salud envidia mundial, le dicen NO a la doctora García.
A.M. BEAUMONT