editorial
Sánchez, sin vergüenza, vuelve a elegir con el 'cupo antiarancelario': Puigdemont antes que Feijóo
El PP, que intentó tender puentes, se encuentra con que el Gobierno ya había sellado su pacto en la sombra. Sánchez no solo traiciona la igualdad entre territorios, sino que desprecia cualquier atisbo de lealtad institucional

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras una rueda de prensa, en el Complejo de La Moncloa.
El último capítulo de la relación entre Pedro Sánchez y Carles Puigdemont no deja lugar a dudas: el presidente del Gobierno ha vuelto a ceder ante las exigencias del independentismo catalán, esta vez con el llamado "cupo antiarancelario". Según Junts, el 25% de las ayudas destinadas a mitigar el impacto de los aranceles -unos 3.500 millones de los 14.100 totales- irá a parar a empresas catalanas, un reparto que el Gobierno no ha desmentido con claridad. Mientras Sánchez y sus ministros proclamaban su voluntad de negociar con el PP para coordinar una respuesta ante la crisis comercial, la realidad es que ya tenían cerrado un pacto con Puigdemont. Una vez más, las palabras de diálogo con la oposición se quedan en mera fachada.
No es ninguna sorpresa. Hace siete años, Sánchez eligió su camino y lo anunció sin ambages: ante el PP, un muro. Optó por aliarse con quienes considera socios fiables: los separatistas vascos y catalanes -incluidos los proetarras de Bildu- y la extrema izquierda. Esta decisión, que entonces pudo interpretarse como una estrategia coyuntural, se ha convertido en el eje de su proyecto político. Cada nueva cesión a Junts o ERC -del cupo económico al arancelario, pasando por amnistías y privilegios fiscales- confirma que Sánchez prefiere gobernar de la mano de quienes desafían la unidad de España antes que buscar consensos con quienes representan a millones de españoles desde la centralidad.
El agravio es evidente. Mientras otras comunidades autónomas ven cómo se reparten los recursos con criterios que ellas no controlan, Cataluña se asegura un trato preferente a medida de los intereses de Puigdemont. El PP, que intentó tender puentes, se encuentra con que el Gobierno ya había sellado su pacto en la sombra. Sánchez no sñolo traiciona la igualdad entre territorios, sino que desprecia cualquier atisbo de lealtad institucional. Ha elegido a los enemigos de España como compañeros de viaje, y este nuevo episodio no hace más que demostrarlo.