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Jorge Álvarez

Pedro Sánchez saca partido de los aranceles de Trump

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.A. Perez Meca / Europa Press

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Miedo me da escribir sobre la última ocurrencia de nuestro presidente de gobierno, porque cuando termine estas líneas, puede que ya haya ideado otra barrabasada mayor.

Resulta que ahora el señor Sánchez se quiere erigir en el paladín del "Libre mercado". Lo cual no deja de tener su gracia si no fuera porque es el presidente de un gobierno que simpatiza con el comunismo. Y ya se sabe que los conceptos “comunismo” y “libre” nunca han encajado bien. Mucho menos en temas comerciales.

No sorprende que este señor, aprovechando la moda estos días en los mentideros patrios sea hablar de aranceles, haya querido sacar tajada. Nada nuevo bajo el sol. No deja de ser una buena cortina de humo para tratar de eclipsar esos asuntitos que tanto preocupan en Moncloa, tanto a nivel institucional como familiar. 

Parece que la desesperación debe ser grande pues ya no sirven los voceros de estómago agradecido de siempre y han tenido que recurrir incluso a balas del calibre de una vicepresidenta para que haga el ridículo y desvíe la atención de lo que realmente preocupa en Ferraz. Y lo que no deberíamos dejar de combatir sin caer en esos juegos trileros que incomprensiblemente todavía funcionan.

Y es que, como los paisanos hablando de fútbol en un bar un lunes por la mañana, ahora todos somos expertos en economía internacional. No es muy diferente el mecanismo, bastante básico, por cierto, entre los dos actos, que no tiene más engranajes que hablar -generalmente sin conocimiento- del tema con que se nos abrasa a todas horas desde la mayoría de los medios por el denominado “Equipo de opinión sincronizada”.

Pero veamos cómo somos de expertos en la materia:

¿Alguien sabe los aranceles que impone, por ejemplo, Tanzania a los productos españoles? Supongo que la mayoría desconocemos la respuesta, porque tampoco es que afecte demasiado por aquí. Otro cantar son los que impone Estados Unidos a la Unión Europea, que esos sí hacen daño.

Es un error demonizar a otros países, y más que a los países, a sus gobernantes por los aranceles que aplican. Allá cada uno con las decisiones que toma para su nación. Es, cuanto menos, “ruborizante” exigir que Estados Unidos tome decisiones que favorezcan a la Unión Europea. Tendrán que hacer lo que consideren mejor para sus intereses, tanto unos como los otros.

El problema es que el nefasto “agendismo” que está rigiendo en la mayoría de los países europeos se haya optado por tocar la lira mientras arde Roma y cuando pintan bastos, se exija a otros países que resuelvan los problemas que la propia Unión Europa ha creado con sus políticas disparatadas. No hay más que ver las exigencias que ponen a la producción en los propios países de la Unión. Pero claro, a eso no vamos a llamarle aranceles, que queda feo y eso sólo lo aplican los malos malísimos que quieren defender sus productos.

Si en vez de tomar decisiones infantiles de malcriados jugando a estadistas se bregara por la producción de productos con una calidad excelsa, seguro que no había miedo a que se aplicaran aranceles porque todo el mundo, ése tan global en que vivimos, quien demandaría el producto.

Hasta que llegue ese momento, tendremos que seguir escuchando lo malo que es uno, y lo bueno que es el garante del “libremercadismo”.

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