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Semana de Pasión para Pedro Sánchez: su mujer, en el punto de mira, y Ábalos le amargan las vacaciones

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Domingo de Ramos. Las palmas ondean en las calles, pero para Pedro Sánchez no hay procesión tranquila. Su Semana de Pasión arranca con dos tormentos que le roban la paz: las sospechas sobre Begoña Gómez y el eterno eco del caso Ábalos. Las vacaciones soñadas se convierten en un viacrucis sin escapatoria.

Begoña Gómez está en el centro de la diana. El rescate de Air Europa sigue oliendo a chamusquina y las acusaciones de que medió con empresarios no se disipan. El PP insiste: ¿fue ella una "conseguidora"? Pero el foco no se queda en ella sola. Si Víctor de Aldama o Javier Hidalgo la llamaron cuando el rescate se complicaba, no fue por su encanto personal, sino por ser la esposa del presidente. Las sospechas salpican a Sánchez directamente: ¿hasta dónde sabía o consintió? Su silencio solo aviva el fuego que quema su credibilidad.

Y luego está Ábalos, el amigo que no se va. La juerga en el Parador de Teruel y el caso Koldo son un martillo que golpea sin cesar. ¿Conocía Sánchez los desmanes de su exministro? ¿Miró para otro lado? Pilar Alegría, entonces delegada del Gobierno en Aragón, también está en la ecuación: ¿tapó algo? El pasado persigue a Sánchez mientras intenta desconectar.

Esta Semana Santa, entre Begoña bajo lupa y Ábalos como un espectro, no hay descanso para el presidente. Y, por si fuera poco, estamos en vísperas de un aniversario peculiar: hace un año, Sánchez se encerró cinco días en La Moncloa para meditar su futuro tras otro escándalo. 

¿Repetirá el numerito, llorando victimismo desde el balcón? ¿O tiene otro truco preparado? Los españoles, hartos de sainetes, miran y juzgan. Su Pasión no resucita confianza, solo dudas.