editorial
La deriva autoritaria de Pedro Sánchez con el gasto en Defensa: un desafío a la democracia
Esta "alergia" al Congreso tiene una explicación: Sánchez ha perdido la mayoría parlamentaria y sabe que no lograría aprobar los Presupuestos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece en el Palacio de la Moncloa para anunciar la aprobación del plan de aumento del gasto en Defensa.
Pedro Sánchez consolida su deriva autoritaria con una decisión que desprecia los fundamentos democráticos. El aumento del gasto en Defensa, unos 10.500 millones de euros, no es el problema. La seguridad nacional es crucial en un mundo incierto. Lo inadmisible es la forma: Sánchez elude al Congreso y al Senado, evitando el debate y la votación que decisiones de esta envergadura exigen.
La Constitución Española, aunque no obliga explícitamente a que toda medida económica pase por las Cortes, establece en su artículo 134 que los Presupuestos Generales del Estado deben ser aprobados por el Parlamento. Un incremento de gasto tan significativo debería tramitarse mediante los Presupuestos o una ley sujeta al control parlamentario. Sin embargo, Sánchez recurre a decretos para sortear este escrutinio. Su negativa a presentar los Presupuestos de 2025 agrava el problema, ignorando las expectativas constitucionales y legales que exigen rendir cuentas anualmente ante las Cortes.
Esta "alergia" al Congreso tiene una explicación: Sánchez ha perdido la mayoría parlamentaria y sabe que no lograría aprobar los Presupuestos. Prefiere incumplir las normas democráticas antes que conceder a la oposición la imagen de una derrota parlamentaria de tal magnitud, que lo dejaría en una posición políticamente insostenible. Llamar a este comportamiento un "matiz", como hace con cinismo, es insultar la inteligencia de los ciudadanos.
La democracia no se reduce a elecciones; exige respeto cotidiano a las instituciones y a la transparencia. Sánchez, con su abuso de decretos y su estrategia de polarización, erosiona estos principios. España merece un Gobierno que no confunda gobernar con autoritarismo.
Los ciudadanos, a través de sus representantes, tienen derecho a decidir el rumbo del país. Sánchez debe rendir cuentas, respetar el papel de las Cortes y abandonar esta deriva que amenaza nuestra democracia. No hay "matices" que justifiquen burlar la soberanía popular.