ENFOQUES DEL DIRECTOR
La medida más surrealista y absurda de Sánchez: un cronómetro para controlar la igualdad de género
El Gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a demostrar que su idea de gobernar es meterse donde no le llaman, y esta vez lo hace con una medida tan absurda como irritante. La CNMC dedicará 250 horas al año a cronometrar cuánto tiempo hablan hombres y mujeres en los informativos de televisión, desde RTVE hasta Antena 3, con el pretexto de detectar "desequilibrios de género". ¿En serio? Mientras los españoles lidian con una inflación que asfixia, sueldos bajos, impuestos altos y corrupción a raudales, Sánchez prefiere gastar dinero público en un disparate que no resuelve nada, pero que sí engorda su imagen de feminista de pacotilla. Esto es despilfarro, intervencionismo insoportable y un feminismo mal entendido, todo en uno.
La medida, surgida de la ley audiovisual de 2022, convierte a la CNMC en una especie de árbitro con cronómetro, controlando si Ana Blanco o Matías Prats tienen más minutos en pantalla según su género. ¿Es este el feminismo que España necesita? Porque lo que vemos es una caricatura: un Gobierno obsesionado con gestos vacíos que no atacan las raíces de la desigualdad, como la brecha salarial o la conciliación, sino que opta por un control ridículo que solo sirve para justificar su existencia. Esto no es avanzar en igualdad; es un postureo que insulta a las mujeres y a la inteligencia de todos.
Peor aún es el intervencionismo. ¿Desde cuándo un organismo público tiene que meterse en la programación de cadenas privadas y públicas para decidir quién habla más o menos? Esto es un ataque directo a la libertad de los medios, una intromisión que no tiene justificación. Y todo, claro, con nuestro dinero, porque esas 250 horas de la CNMC no las paga Sánchez de su bolsillo. Mientras faltan recursos para lo esencial, este Gobierno derrocha en ocurrencias que no benefician a nadie. Sánchez y su feminismo de escaparate, armado con un cronómetro, son la prueba de que este Ejecutivo prefiere el control al progreso. Un fiasco intolerable.