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Sánchez gana tiempo para buscar a quién culpar del apagón y evitar no tener que culparse a sí mismo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezDiego Radames

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En general, las cosas de la vida suelen ser más simples de lo que uno supone. Es lo que estamos viendo con el apagón que dejó a ciegas a casi 50 millones de españoles el pasado lunes. Más de 48 horas después el Gobierno aún no nos ha explicado qué pasó y por qué ocurrió el corte total del suministro eléctrico en la península. Seis horas después del apagón –no una ni dos– el Presidente del Gobierno compareció para no decir nada: no nos dijo qué estaba pasando –más allá de lo obvio de que no teníamos corriente–; no nos dijo qué debíamos esperar; ni tan siquiera cómo debíamos afrontarlo. ¡Nunca nadie dijo tan poco en tanto tiempo! A las 11 de la noche Sánchez volvió a aparecer para desvelarnos que –según le dicen los técnicos– “15 Gigavatios se habían perdido en 5 segundos”. Ya dudo mucho que “los técnicos” le dijeran eso. Más bien le habrían dicho que en 5 segundos la producción de energía había caído en 15 gigavatios, o lo que es lo mismo, que se había dejado de producir energía súbitamente. El matiz es importante.

Llegados a este punto, solo queda por determinar el por qué de esa estrepitosa caída en la producción de energía que acabó dejando a España en la más profunda oscuridad. Las opciones son simples, a saber: o que alguien –por error– provocara el cese súbito de producción de energía; o que por un fallo del sistema las fuentes de energía se desconectaran automáticamente como sistema de autoprotección; o que una causa exógena –léase un ciberataque– generase dicha caída de producción. Sánchez descartó –por omisión– la primera causa dejando abiertas las otras dos: un fallo en el sistema o un ciberataque, a pesar de que los técnicos, prácticamente en su totalidad, hubiesen descartado dicha acción. Ante tal disyuntiva, y de no ser un ciberataque, la restante sería la de un fallo en el sistema y, por ende, las miradas se dirigirían al responsable de la red de distribución (la sociedad Red Electrica Española). Y ahí es donde se le complicarían las cosas al Sr. Sánchez; una, por haber nombrado a dedo a la presidenta de Redeia (matriz de la Red Eléctrica Española) y, dos, por ser una empresa participada mayoritariamente por la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) y, en consecuencia, ser el gobierno el último responsable. Podía haber optado por apuntar directamente a la presidenta de Redeia, Beatriz Corredor, pero de alguna manera era como apuntarse a sí mismo, pues él la colocó ahí. De ahí que optara por dejar abierta la opción del ciberataque, secundada por la Audiencia Nacional que ha abierto una investigación de oficio, y, de paso, apuntar a los “operadores privados” sin dejar claro si incluía o no a Redeia –insisto, participada mayoritariamente por una sociedad estatal–. En suma, ganar tiempo en una nueva edición de trilerismo político para marearnos a todos con el “juego de los cubiletes y la bolita”.

De momento lo que sí podemos concluir es que nuestra red eléctrica no está preparada para un cambio tan profundo de modelo energético, sustentado principalmente en energías renovables y muy especialmente en la fotovoltaica. Esta apuesta política por la energía solar que, a priori puede sonar muy bien, no está exenta de riesgos en una red concebida en origen para otro modelo de suministro energético mucho más estable que el de la energía solar. Durante años hemos generado electricidad con sistemas rotativos (turbinas) que facilitan la estabilización entre demanda y consumo. Una apuesta por el modelo solar basado en sistemas de inversión (la fotovoltaica) exige una acomodación de la red para evitar las oscilaciones de inercia y las perturbaciones que dichos sistemas conllevan. Esto no significa que no se pueda apostar por la energía solar, significa simplemente que para ello hay que preparar el sistema para que no se produzca un apagón como el sufrido. Es cuestión de pura física y la política todavía –afortunadamente– no la ha conseguido superar.

No han sido pocos los avisos –incluso de la propia Redeia– de que esto nos podía ocurrir, pero algunos políticos se empeñan en creer que la política está por encima de las leyes de la naturaleza en un exceso de megalomanía.

No tengo a Beatriz Corredor por una incompetente. Estoy seguro que conocía los riesgos de apostar por un exceso de vertido de energías fotovoltaicas en una red no adaptada para tal propósito. Actuó como política en vez de como presidenta de una empresa tecnológica y con ello asumía sus consecuencias. Tampoco dudo de que no informara a “su jefe”, al Presidente del Gobierno. Su declaración (dos días después) afirmando el buen desempeño de Red Eléctrica Española y su virtud como uno de los mejores operadores del mundo al ser capaz de reiniciar el sistema en apenas 10 horas (tras el apagón) la deja en un lugar muy precario. Es como decir que una marca de automóvil es extraordinaria porque cuando se rompe el coche te lo arreglan muy rápido, cuando lo deseable es que no se te rompa. Sánchez está ganando tiempo con su juego de la bolita y los cubiletes para buscar un culpable y preparar un relato que le libre de asumir responsabilidades. Si tiene que dejar caer a Beatriz Corredor lo hará como lo ha hecho con Ábalos. Pero antes la hará creer que la defiende hasta que nadie lo mire como responsable y es entonces cuando la abandonará inmisericorde a su suerte. Hasta entonces nos entretendrá con el debate entre energías nucleares y verdes. Pero no se equivoquen, ese no es el debate. Ese es otro debate. Ahora el debate es si se han tomado las medidas necesarias en nuestra red para que pueda soportar cuotas tan altas de vertido de energía de procedencia fotovoltaica sin que el sistema salte por los aires. Parece evidente que no. Y que los planes que se proyectaron para adaptarse a este nuevo modelo nunca se concluyeron. Si es el caso habría que depurar responsabilidades –no olvidemos que hay, al menos, 5 muertos como consecuencia del apagón–, desde la señora Corredor hasta el Presidente del Gobierno. Lo primero es más que probable, lo segundo es seguro que no. Al menos me queda la esperanza de que ahora se aceleren esas reformas. Poco le costará incluirlas en su plan de defensa, que ahí a Sánchez le cabe todo.

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