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ENFOQUES DEL DIRECTOR

Pepe Álvarez y Unai Sordo, esbirros comprados por Sánchez: los sindicatos comen más gambas que nunca

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El 1 de mayo, Día del Trabajo, debería ser una jornada de lucha obrera, pero en 2025, los líderes de UGT y CCOO, Pepe Álvarez y Unai Sordo, han convertido la fecha en una pantomima. Lejos de la combatividad que históricamente caracterizó a los sindicatos, ambos dirigentes exhiben un seguidismo vergonzante hacia el Gobierno de Pedro Sánchez. No hay huelgas, no hay protestas, solo aplausos a las migajas que Moncloa les lanza. Este año, incluso han defendido el aumento del gasto en Defensa —un dogma neoliberal que choca con la tradición sindical—, alineándose con la agenda de la OTAN y el rearme europeo. Álvarez llegó a proponer un impuesto común para financiar la Defensa de la UE, un giro que habría escandalizado a los sindicalistas de antaño.

Esta sumisión tiene un precio. UGT y CCOO son los sindicatos más subvencionados de la historia reciente de España. Desde la llegada de Yolanda Díaz al Ministerio de Trabajo, las arcas estatales han engordado sus estructuras: en 2022, recibieron 17 millones de euros, un 54% más para UGT y un 57,7% más para CCOO respecto a 2020. Estas cifras explican su docilidad. Lejos de movilizar a los trabajadores, Álvarez y Sordo firman acuerdos cosméticos, como la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas, mientras evaden conflictos reales, como la precariedad laboral, con salarios que no permiten a los jóvenes emanciparse.

Las manifestaciones del 1 de mayo convocadas por UGT y CCOO pierden participantes año tras año, un reflejo de su desconexión con la calle y de su cada vez más baja representatividad. Los trabajadores, asfixiados por la inflación y la precariedad, no ven en ellos defensores, sino burócratas 'comegambas' a costa de subvenciones. Mientras Sánchez sortea abucheos, Álvarez y Sordo callan, cómodos en su pacto con el poder. Este Primero de Mayo, el único grito que resuena es el de su irrelevancia.

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