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La fiscalía sanchista toca fondo: el juez Peinado deja en evidencia su servilismo en el caso Begoña

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El último auto del juez Juan Carlos Peinado en el caso Begoña Gómez no solo mantiene viva la investigación, sino que asesta un golpe demoledor a la credibilidad de la Fiscalía. Con una contundencia inusual, Peinado acusa al fiscal de defender a la esposa de Pedro Sánchez con “más intensidad y brillantez” que su propio abogado. Este varapalo no es solo al fiscal del caso, sino a toda una institución jerárquica que, desde su cúspide, está contaminada por el servilismo al poder.

La Fiscalía, cuya misión es perseguir delitos, se ha convertido en un escudo de Begoña Gómez, investigada por tráfico de influencias, corrupción, apropiación indebida e intrusismo. Lejos de acusar, se dedica a obstruir la investigación con argumentos que el juez califica de “subjetivos e interesados”. Este giro perverso no es casual: en la cúspide de la pirámide está Álvaro García Ortiz, fiscal general investigado por revelación de secretos, cuya lealtad a Sánchez es un secreto a voces. Su gestión refleja cómo el sanchismo ha colonizado una institución que debería ser baluarte de la justicia, no un instrumento al servicio del presidente.

Peinado, con su auto, pone el dedo en la llaga: la Fiscalía no solo renuncia a su deber, sino que actúa como una segunda defensa de Gómez, replicando los argumentos de su letrado con una sincronía que roza lo escandaloso. Este servilismo no es solo una traición al Estado de Derecho, sino una evidencia de la utilización política, e incluso personal, de la Fiscalía por parte de Sánchez. La institución, diseñada para proteger a los ciudadanos, se pliega a los intereses de Moncloa, dejando al descubierto su degradación.

El caso Begoña no es solo un proceso judicial; es el espejo de un sistema donde el poder corrompe las instituciones. Peinado, con su valentía, recuerda que aún hay jueces dispuestos a resistir. La Fiscalía, mientras, toca fondo. Sánchez y García Ortiz tendrán que rendir cuentas por este bochorno. La justicia, tarde o temprano, prevalecerá.

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