Esta vez no me invento los datos
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria este miércoles en el Congreso de los Diputados.
Pedro Sánchez en su comparecencia en el Congreso de los Diputados el miércoles pasado día 7 de mayo, pronunció una frase que resume cual es nivel del discurso del inquilino de la Moncloa. Así llegó a afirmar: “Esta vez los datos no me los inventó”, levantando una carcajada general de los diputados de diversos grupos parlamentarios presentes en el hemiciclo, e incluso los propios socialistas se quedaron estupefactos y con cara de no saber si habían oído bien a su número uno.
Sánchez lo volvió a hacer, ya que con esa afirmación, que sonó a excusa, vino a querer decir “soy un mentiroso, todos lo sabemos, pero ahora creerme”, para añadir toda una retahíla de datos que han sido desmentidos por los propios profesionales independientes, es decir que quiso que la sociedad le creyera mintiendo de nuevo. Se comportó como los niños pequeños cuando afirman “yo no he sido, ha sido otro”.
Pedro Sánchez ha logrado algo inusual en la política española: gobernar durante 7 años sin que ocultar la verdad sea un obstáculo.
Desde su llegada al poder en 2018 tras la moción de censura contra Mariano Rajoy, su trayectoria ha estado marcada por un uso constante de la mentira como herramienta de gestión y supervivencia política. El problema no es solo que promete lo que no piensa cumplir, sino que su falta de escrúpulos ha deteriorado gravemente la credibilidad institucional del país.
La mentira ha sido también el sello distintivo en su gestión económica. Presumía de ser un defensor de la clase media trabajadora, pero ha impulsado una política fiscal que asfixia a autónomos y pymes. Subidas de impuestos encubiertas y una deuda pública disparada son el verdadero legado económico de Sánchez. Todo ello en un contexto de inflación descontrolada que ha erosionado el poder adquisitivo de millones de españoles.
Pero la penúltima mentira es la que se refiere a su gestión energética. Esa mentira se pudo comprobar en el debate del pasado 7 de mayo en la que profirió la ya famosa frase: “Esta vez los datos no me los inventó”, queriendo que olvidemos que el apagón eléctrico del 28 de abril lo provocó su política basada en la improvisación, la falta de previsión y una apuesta por la ideología sectaria que han dejado a España en una situación de vulnerabilidad energética. Mientras el presidente se presenta como un defensor de la transición ecológica, la realidad demuestra lo contrario: un país que depende de fuentes de energía externas y que ha descuidado el desarrollo de recursos propios como la energía nuclear.
Así pues Portugal ha exigido un informe independiente sobre lo ocurrido el día del apagón por no fiarse del gobierno español, e incluso el gestor eléctrico turco ha emitido un informe responsabilizando a un exceso de renovables como causa del apagón, ya que apreció oscilaciones de frecuencia en la red dos horas antes, lo cual pone en un brete la posición internacional del Gobierno español y la credibilidad de Sánchez.
Sánchez en lugar de asumir responsabilidades y ofrecer soluciones claras, optó por minimizar el problema y culpar a factores externos sin proporcionar explicaciones técnicas detalladas. Esta falta de transparencia y responsabilidad ha generado desconfianza entre la ciudadanía y ha puesto en evidencia la incapacidad del Ejecutivo para gestionar situaciones de crisis.
Pero lo peor de lo ocurrido el 28 de abril y del debate en el Congreso fue comprobar, no solamente que un mentiroso nos dijo que le creyéramos, sino percibir el caos del discurso de la vicepresidenta tercera Sara Aagesen que puso de manifiesto que le viene muy grande el ministerio y que seguro que ya está avergonzada del papelón que tuvo que hacer durante el pleno del 7 de mayo.
La vicepresidenta llegó a afirmar que no se puede mantener las centrales nucleares en España por la falta de uranio, ocultando que existe en nuestro país una empresa nacional de uranio que por supuesto ha sido parasitada por el PSOE, ya que ha colocado a una decena de militantes socialistas e incluso la dirige el exgerente del PSOE, íntimo amigo de Ábalos, José Vicente Berlanga.
La política energética del Gobierno de Sánchez ha sido una sucesión de promesas incumplidas y decisiones erráticas. Mientras se priorizan intereses ideológicos y se imponen impuestos a las energías tradicionales, se descuida el desarrollo de fuentes de energía propias y se ignoran las necesidades reales de los ciudadanos. Sin duda, España necesita, también en materia energética, un liderazgo basado en la responsabilidad, la verdad y el respeto institucional, y no un presidente que considera la mentira una herramienta legítima de gobierno. Porque gobernar mintiendo no es solo una falta ética: es un peligro para la democracia, por eso aunque Sánchez nos diga “Esta vez los datos no me los inventó”, y aunque nos suplique “por favor creerme”, los ciudadanos nos hemos lanzado a almacenar el famoso Kit de supervivencia, por si acaso.