¿Y ahora, qué hará Sánchez?
Robert Prevost fue nombrado cardenal por el Papa Francisco el 30 de septiembre de 2023.
He querido esperar más de un día para escribir sobre la elección de León XIV. El acontecimiento lo merecía. Qué menos que un silencio reverente ante una de esas páginas de Historia con mayúsculas que aún es capaz de escribir el mundo. Porque lo del nuevo Papa no es un trámite vaticano, es un hito global. Por eso mismo, ahora que se aproxima su entronización, me asalta una duda política, institucional y, sí, también moral: ¿acudirá Pedro Sánchez a la ceremonia?
Al funeral de Francisco I, no fue. Optó por borrarse. Quedarse en casa mientras líderes de todo el mundo llenaban la plaza de San Pedro. Una ausencia que muchos no olvidan y que, en diplomacia, cuenta más de lo que parece. ¿Qué hará ahora? ¿Repetirá el desplante?
Lo diré sin rodeos: no asistir sería una dejación inaceptable para cualquier mandatario que pretenda jugar en la primera división internacional. Porque, guste más o menos, el Vaticano no es solo fe; es geoestrategia, simbolismo, cultura y poder blando. Y León XIV, en sus primeras palabras, ya ha dado señales de que su Pontificado va a tener voz en los grandes debates de nuestro tiempo.
Sánchez, le pese a quien le pese, no se representa solo a sí mismo. Representa a España. Y España debe estar en Roma. En cuerpo, voz y presencia. Porque cuando se reúnan los líderes del planeta en esa plaza, no estarán asistiendo solo a una misa: estarán leyendo el termómetro de la historia. Y la silla vacía de un jefe de Gobierno siempre habla. Y cuando habla, pesa. A.M. BEAUMONT