ENFOQUES DEL DIRECTOR
El Gobierno tiembla por las filtraciones de Ábalos, pero la orden es aparentar indiferencia
El mensaje oficial consiste en decir que los mensajes son irrelevantes y que Pedro Sánchez no le dedica ni dos segundos de su tiempo, pero la realidad es muy distinta. Hoy, un destacado miembro del Ejecutivo ha estado 20 minutos dando explicaciones a los periodistas fuera de cámara, en lo que nosotros llamamos un corrillo, tratando de convencerles de que no están preocupados, que no hay nada, que es todo irrelevante… 20 minutos.
Es como el que está dejando de fumar y te asegura que lo lleva bien, que ha aguantado fenomenal los 13 días, 8 horas y 7 minutos que lleva sin coger un cigarrillo. Tanta negación denota lo contrario. Lo pudimos percibir ayer en ese lapsus de Pilar Alegría llamando ministro Ábalos al ministro Bolaños. Lo tiene clavado en la cabeza, no se lo puede quitar.
Es más, en esos 20 minutos de explicaciones y argumentaciones que ha dado hoy el Gobierno a los periodistas, se han deslizado algunas contradicciones que les delatan. Dicen que el olfato les dice que las filtraciones no son de Ábalos porque no hay nada comprometedor para nadie en esos mensajes. Es decir, sin querer está admitiendo que Ábalos tiene cuestiones comprometedoras que podría filtrar. Dicen también que si Ábalos quisiera amenazarles no necesita filtrar mensajes, que tiene otros canales y otros métodos. De nuevo reconocen de manera implícita que el exministro y ex hombre de confianza de Pedro Sánchez tiene la capacidad de amenazarles, tiene contenido para hacerlo.
La realidad es que en La Moncloa tiemblan. Y con razón. Ábalos ha enseñado algunas cartas, pero probablemente las más jugosas las guarda. Es difícil pensar que el exministro no tenga no uno sino muchos mensajes de la noche de Delcy Rodríguez en Barajas. Ábalos fue enviado allí por Sánchez. Viendo la cantidad de mensajes que se cruzaban es imposible creer que no tengan muchos de aquella noche.
Hasta ahora, Ábalos ha sido muy comedido, aunque ya ha enseñado la patita con el rescate de Air Europa, un asunto delicado con Begoña Gómez de por medio. Las filtraciones son constantes, numerosas y su grado de amenaza va in crescendo. Y en La Moncloa tiemblan y son incapaces de virar el discurso, con el desgaste que eso implica. Lo cierto es que nadie sabe qué más mensajes quedan por salir ni cómo acabará esta historia.