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La corrupción avanza… y Sánchez en campaña

Pedro Sánchez, en la sesión de control de este miércoles en el Congreso.

Pedro Sánchez, en la sesión de control de este miércoles en el Congreso.

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España está detenida. Bloqueada. Mientras los ciudadanos esperan soluciones, el presidente gira por Europa buscando oxígeno mediático y fotos de estadista de cartón piedra. Pero ya no cuela. Porque el foco está aquí. Y aquí huele a corrupción sistémica.

El caso Koldo ya no es solo un caso. Es una red. Un sistema. Y cada día salen nuevos hilos que apuntan directamente al corazón de Ferraz. El nombre de Santos Cerdán, número tres del PSOE y operador de confianza de Pedro Sánchez, ya no es una nota a pie de página. Es protagonista.

Cerdán fue quien colocó a Koldo en las tripas del poder. Quien negoció en Bruselas con Puigdemont mientras en Madrid se cocinaban contratos millonarios con comisionistas de confianza. Y todo con el mismo patrón: impunidad, opacidad y la convicción de que el poder se gestiona como una agencia de colocación sin principios ni vergüenza.

El PSOE de Sánchez ha mutado. Ya no es un partido. Es una estructura piramidal donde la lealtad vale más que la decencia. Donde los favores se pagan con silencio y los escándalos se gestionan con cortinas de humo. Un suma y sigue insoportable: Koldo, Ábalos, Cerdán, Aldama, el fiscal general, la esposa del presidente, el “hermanísimo”, el circo extremeño de Gallardo para blindarse, las putas de Ábalos, el amigo canario de narcos Gustavo Matos, el entorno de Reyes Maroto y la trama de hidrocarburos…

Y mientras tanto, el país se deteriora: sin presupuestos, con una justicia puesta en entredicho por el Gobierno, una economía cogida con alfileres, el “gran apagón”, trenes que se paran, “sin techo” en aeropuertos y una sociedad harta de comerse titulares que huelen a cloaca.

Pero Sánchez sigue en campaña. Ignora el escándalo, protege a los suyos y se pasea por foros internacionales hablando de ética y progreso. La desconexión es total. España está parada. Pero la corrupción, esa sí, va como un cohete.

Y mientras el país se desangra por dentro, Sánchez sigue disparando contra Ayuso en una “persecución psicopática” como un prestidigitador que agita una mano para distraer del truco sucio que esconde la otra. Porque en este circo de poder sanchista, hace tiempo que el espectáculo importa más que el público. 

A. M. BEAUMONT

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