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Pedro Sánchez, por corrupto o por inepto, debería dimitir ya: España no merece esto

La disyuntiva es clara: o Sánchez conocía las irregularidades y las permitió, o su falta de control sobre su equipo lo descalifica como gestor. En cualquier caso, su permanencia en La Moncloa es un insulto

El presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE, Pedro SánchezEuropa Press

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Pedro Sánchez enfrenta el momento más crítico de su mandato, atrapado entre dos escenarios igual de devastadores: o es un corrupto que ha participado activamente en la trama que envuelve a José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Koldo García, o es un inepto incapaz de detectar la corrupción que florecía bajo sus narices entre sus más estrechos colaboradores. En ambos casos, su continuidad como presidente es insostenible. La ciudadanía merece un líder que no esté manchado por el escándalo ni sea ciego ante él.

El caso Koldo-Ábalos-Cerdán, destapado por el informe de la UCO, señala comisiones por obras públicas amañadas, con Cerdán, número tres del PSOE, en el ojo del huracán. Koldo, exasesor de Ábalos, afirmó haber seguido órdenes directas, incluso de Sánchez a través de Ábalos. Si el presidente estaba al tanto, su implicación lo convierte en cómplice de una red de corrupción que ha socavado la confianza pública. Si, por el contrario, no supo nada de las maniobras de sus colaboradores más cercanos, su ineptitud es alarmante. ¿Cómo puede liderar un país alguien que no percibe el hedor de la corrupción en su propio entorno?

La disyuntiva es clara: o Sánchez conocía las irregularidades y las permitió, o su falta de control sobre su equipo lo descalifica como gestor. En cualquier caso, su permanencia en La Moncloa es un insulto a la decencia política. Mientras él insiste en Ferraz en agotar la legislatura hasta 2027, los indicios de corruptelas se acumulan, y la sombra de la duda crece. Sus socios —Sumar, PNV, ERC y Junts— deben decidir si lo sostienen a riesgo de mancharse. La ciudadanía, harta de escándalos, exige respuestas.

Sánchez no puede seguir esquivando la realidad. Corrupto o inepto, ha perdido la autoridad moral para gobernar. La dimisión no es solo una opción; es una obligación. España necesita un liderazgo limpio y capaz, no un presidente bajo sospecha o incapaz de oler la podredumbre a su alrededor.

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