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Sánchez miente y sonroja a España ante la OTAN para tapar la corrupción

La realidad desmontó su relato con rapidez. Apenas 24 horas después, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, desmintió en público el supuesto acuerdo del que Sánchez presumía

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, durante una cumbre en Albania.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, durante una cumbre en Albania.FERNANDO CALVO

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Pedro Sánchez ha vuelto a demostrar que su relación con la verdad es, cuanto menos, endeble. Este domingo, en una comparecencia fantasmal convocada de improviso desde La Moncloa, el presidente se atribuyó una victoria personal ante la OTAN: España no tendría que aumentar su gasto en Defensa más allá del 2,1% del PIB. Según Sánchez, había logrado torcerle el brazo a la Alianza Atlántica, defendiendo el estado del bienestar con una audacia que solo él se reconoce. La sala de prensa, vacía, fue testigo de un monólogo triunfalista en el que casi se aplaudió a sí mismo.

Sin embargo, la realidad desmontó su relato con rapidez. Apenas 24 horas después, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, desmintió en público el supuesto acuerdo del que Sánchez presumía. No había tal victoria, ni compromiso alguno que eximiera a España de sus obligaciones. La mentira, como siempre, tiene las patas cortas, y esta vez no duró ni un día.

La oportunidad de esta comparecencia fantasma no fue casualidad. Horas después, Ábalos y Koldo declaraban en el Supremo por el escándalo de corrupción que salpica al Gobierno. Sánchez, maestro en el arte de la distracción, intentó tapar el fango con un titular grandilocuente. Pero el resultado fue un bochorno internacional que avergüenza a España y pone en entredicho la credibilidad de su presidente.

La OTAN no es un escenario para juegos de prestidigitación política. La seguridad colectiva exige seriedad, no cortinas de humo. Era ilusorio pensar que un acuerdo con la OTAN, que ni siquiera existía, iba a tapar la corrupción que le rodea. El hedor es tan fuerte que no es posible esconderlo. Sánchez, en su afán por mantenerse a flote, ha ridiculizado a España ante sus aliados. Mientras el escándalo sigue creciendo, sus maniobras solo agravan la desconfianza en un liderazgo que confunde la gobernanza con un guion de ficción.

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