El Ayuntamiento podará El Pardo cuando haya un muerto
La reciente tormenta reflotó el problema de un barrio poblado de árboles que penden sobre viviendas a los que multiplican en altura y que sólo los bomberos atajan cuando surgen incidencias
Los bomberos tras la tormenta en Madrid
La reciente tormenta estival con vientos huracanados (picos de 100 kilómetros hora) en el Pardo ha vuelto reflotar el peligro que se cierne en el barrio madrileño de El Pardo por pura desidia del Ayuntamiento que preside Almeida. Todo Madrid sufrió peligros y daños por su arbolado, pero el Pardo tiene una doble especifidad: sus casas son bajas, dos o cuatro plantas. Pero sus árboles multiplican sus alturas.
Las doblan o las triplican. Resultado: una masa con la altura de un edifico de seis u ocho plantas puede caer sobre viviendas de dos o cuatro plantas. O arrancar sus cimientos.
La segunda especificidad de esta peligrosa y gigantesca masa arbórea es que el Ayuntamiento ha decidido no podarla. “Que crezca hacia arriba”, parece ser la norma que les han indicado a los bomberos sobre la inexistencia de poda en estas zonas peligrosas.
Los vecinos han cursado denuncias sin éxito al concejal del área de El Pardo, José Antonio Martínez Páramo, sobre esta suicida práctica.
No pueden seguir creciendo estos rascacielos con hojas. Un edil que vende el siguiente eslogan: “Hay que cuidar El Pardo”.
Los bomberos al rescate en El Pardo
No se ve tal voluntad. El pasado huracanado martes vinieron dos unidades de bomberos a ejecutar lo que no hace este edil: podar las ramas más peligrosas.
Algunas ya vencían o habían caído sobre edificios. Al cortarlas cayeron con estruendo al pavimento. Tenían el diámetro de un árbol mediano. Cualquiera pudo matar a un vecino de no haber sido cortada.
No fue costoso ni lento. Bastó una grúa y operarios para hacer tal mínimo saneamiento en apenas una hora.
Pero los bomberos se fueron dejando un peligro vivo que multiplicaba el saneado. Una gota en un bosque urbano.
Ni al día siguiente ni al otro ni al otro vinieron los funcionarios municipales para ampliar la poda.
Decenas de árboles siguen amenazando las casas y vidas de El Pardo porque no se poda. Aquí no vale cerrar un parque por peligro.
El peligro está repartido calle a calle, casa a casa. Puedes morir al entrar o salir de casa. O viendo la tele. El mensaje es claro. El Ayuntamiento podará cuando haya un muerto y entonces una investigación judicial verá que esta tragedia se coció en despachos municipales de la junta de El Pardo.
Árboles caídos por la tormenta
Los mismos despachos que sí tienen recursos para anular bellas farolas en las fachadas de El Pardo y sustituirlas por unas horrendas farolas dignas no de una zona histórica sino de un polígono industrial.
Los mismos despachos que convierten las calles de El Pardo era una sucursal de Gaza bajo la piqueta de una constructora implicada en escándalos que levanta varias calles a la vez en lugar de ir una por una y tarda meses en repararlas y, por añadidura, convierte la ribera en un almacén de sus vehículos y material que va a usar en los próximos meses.
Más cómodo para la empresa que ir a buscarlo a su central poco a poco a medida que lo vaya a usar. Ahí descansan escombros, arena, losetas, cajas de distribución, palés.
Una pena que no se pueda hacer eso en la Gran Vía. Qué importa que okupe una calle entera.
No ha invadido el palacio de El Pardo porque es de Patrimonio. Y todo para una calle peatonal que nadie sabe quién pidió y remodelar aceras a paso y quizá precio de capilla sixtina.
Los mismos despachos que hacen oídos sordos a festivales de música que se celebran semanalmente atronando a los vecinos (incluida Casa Real) y a toda la fauna que se supone protegida tras una valla que colinda con su agresor acústico.
Nadie inspecciona si tienen permisos para hacer raves y si sus decibelios respetan los usos en zonas residenciales y ecológicas ni su existencia fiscal ¿Para qué? Basta un móvil y fiesta, sin NIF ni empresa.
Las secuelas de la tormenta en El Pardo
Los municipales tampoco ven nunca que equipos privados de caballistas se entrenan por las calles de El Pardo. Que los motoristas y coches hacen rallies en sus calles y carreteras de entrada y salida. Que los ciclistas okupan a 40 kilómetros por hora pistas de arena o aceras donde obligan a los paseantes a dar saltos para esquivarlos y garantizar su desconocida prioridad.
Había carteles que prohibían el ciclismo. Los arrancaron. En carretera incumplen también las normas. Van emparejados aunque causen atascos o no haya visibilidad para adelantarlos. No respetan stops. Ni pasos de cebra.
El Ayuntamiento niega badenes en el Pardo, explican vecinos conectados con la Junta, porque puede retrasar el desplazamiento de una ambulancia en una zona con abundante población anciana.
Pero los vecinos creen que es preferible retrasar una ambulancia que llamarla porque no hemos retrasado al coche que ha atropellado a un anciano. Todo esto son algunas de las tareas que dilata el concejal: ¿qué matará antes en El Pardo el arbolado o el tráfico salvaje, incluido bicis?