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Una semana de soledad

Pedro Sanchez, cada vez más solo

Pedro Sanchez, cada vez más soloDPA vía Europa Press

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Esta semana, que estamos a punto de terminar, puede ser definida como la de la soledad de Pedro Sánchez, aunque es una más de muchas pasadas y futuras. Comenzó el domingo pasado con una rueda de prensa en la Moncloa en la que un solitario Sánchez se dirigía a unos inexistentes periodistas para hablar de su postura en la reunión de la OTAN en La Haya.

Esta rueda de prensa, sin prensa, fue tristísima, ya que reflejaba la impotencia comunicativa de un político obsesionado por su imagen y que está comprobando como el personaje que había creado está totalmente deshilachado, aunque se haya gastado más de 250.000 euros en maquillaje desde 2020. Sin duda estamos ante un nuevo protagonista de la novela de Óscar Wilde “El retrato de Dorian Gray”.

Esta soledad ya la está narrando la prensa extranjera, que no paran de ponerle motes como “Don Teflón”, líder mafioso, o como “villano rodeado de corrupción”. Per lo más significativo fue su soledad en la reunión de la OTAN, en sus pasillos deambulaba solo, en la mesa de reuniones nadie le habló, salvo el líder turco Erdogan, en la foto de familia salió en un rincón y en la rueda de prensa posterior tuvo que contestar fundamentalmente sobre la “pornocorrupción” de su gobierno.

La soledad ha continuado con el portazo que le han dado 38 exministros y exdirigentes socialistas firmando un documento en el que piden que se vaya por el bien del partido. Además, este jueves pasado se ha encontrado con las declaraciones de Felipe González pidiendo abiertamente que los socialistas dejen de votar al PSOE mientras esté Sánchez, manifestaciones que han abierto la posibilidad que pueda ser expulsado del partido, lo cual sería todo un terremoto. Nunca un líder político ha estado más solo y evidentemente esta soledad está llevando a la izquierda a un estado de desconcierto total.

Mientras tanto sus aliados parlamentarios aprovechan la mínima ocasión para dejarlo solo en las votaciones del Congreso, desmarcándose de las propuestas, e incluso la cooperadora necesaria en el “cataclismo” de la corrupción, Yolanda Díaz, se desgañitaba el miércoles pasado afirmando que “ella no roba”, evidenciando que los “otros”, sus compañeros de gobierno, al parecer sí que tienen ese “vicio”.

Un político que no puede salir a la calle, que no puede hacer ruedas de prensa con normalidad y abiertas a las preguntas de todos los periodistas, que los socios europeos le miran con desagrado, que sus socios parlamentarios saltan del barco, que los referentes de su propio partido le dicen que se vaya y que la “hemeroteca” le persigue en sus mentiras, no puede seguir gobernando, porque su agonía puede ser lenta pero su declive es inexorable.

Mientras Pedro Sánchez agoniza, desde la soledad de la Moncloa seguirá observando como la UCO sigue trabajando y haciendo entradas y registros, aunque la intenten descabezar, sin que sea un obstáculo entrar en los domicilios o las sedes socialistas. También presenciará como la Justicia persigue la corrupción socialista, aunque se le intente destruir con leyes injustas o con insultos, porque los jueces españoles están comprometidos en la defensa del Estado de Derecho aunque el ataque venga del propio Gobierno, o no podrá amordazar a unos medios de comunicación comprometidos en destapar la corrupción del color que sea.

Sánchez esté solo, aunque su cada vez más disminuida corte de aduladores se empeñen en decirle lo contrario, y esta soledad y decrepitud no hay maquillaje que la tape. Poco a poco los Pumpidos o los García Ortíz desaparecerán, también el PNV o ERC le abandonarán, como buenos mercenarios, incluso las Silvias Intxaurrondo dejarán de adularle como empieza a hacerlo el diario “El País”, porque nadie se quiere quedar en los solitarios naufragios de los lideres políticos, y todos estos aduladores son los que mejor huelen el final de una época.

La caída de Sánchez nunca será por decisión propia sino que, sin duda, presenciaremos una nueva y actual versión de la obra “Julio César” de Shakespeare, en la que en las escaleras del Senado sus propios partidarios le apuñalarán con gritos de “muerte al dictador” y solo depende de quién de los suyos imite a la figura histórica de Bruto.

Felipe González ya ha hablado como lo hizo en su día Cicerón que escribió que el “tirano debía de desaparecer por sus acciones contra el Estado”, y el documento de los “38 ex altos cargos socialistas” está corriendo por las sedes socialistas como las cartas de los conjurados contra Julio César. Solo falta saber cuándo serán los “Idus de marzo” que pongan fin a estas semanas de tristeza y soledad sanchista, pero seguro que a la vuelta del verano comenzaremos a saber dicha fecha.

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