Feijóo planta cara mientras Sánchez se mira el ombligo

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezEuropa Press

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Sin barro. Sin deudas. Sin hipotecas. Así quiere gobernar Feijóo. O Sánchez o él. Sin pasillo intermedio.

99% de respaldo. Un PP compacto como un muro. Mientras, el PSOE se rompe por dentro a golpe de WhatsApp y registro judicial.

Feijóo habla de limpiar la casa. De cerrar la puerta a Bildu hasta que pidan perdón. De abrirla a todos los demás. Vox incluido. PSOE incluido. PNV incluido.

Menos terroristas, el resto bienvenidos.

Sánchez no podría hacerlo ni aunque quisiera: está atado a quienes le pasan la factura. Feijóo dice que no debe nada a nadie. Y que a partir de ahora, tampoco.

Su decálogo es una lista de la compra sensata: bajar impuestos. Casas para quien no puede pagarlas. Médicos de familia. Agua para todos. Fronteras sin coladero. Seguridad sin excusas. Lengua común para los niños de toda España.

Parece de otro tiempo, ¿verdad? El sanchismo nos ha acostumbrado a discutir lo básico: la ley, la Constitución, la igualdad. Hasta la decencia.

Feijóo lo dice claro: basta ya. El muro entre españoles se acabó. España cabrá en su mayoría. No al revés.

Mientras tanto, Moncloa juega a resistir: un presidente cercado por la corrupción, aferrado a los votos prestados, rezando para que Bildu, Puigdemont y compañía no le monten otro chantaje en cualquier momento.

El PP huele gobierno. Feijóo sabe que es ahora o nunca. Y Sánchez ya no tiene épica: solo la chequera y la propaganda.

Feijóo o Sánchez. Blanco o negro. Aire limpio o cloaca reciclada. Que cada uno escoja. 

A.M. BEAUMONT