Al final del fango
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Sánchez, un presidente abrasado por la presunta corrupción de su partido, su gobierno y hasta su familia, nos dice que tiene un proyecto por encima de él y que por eso no se va. Efectivamente, lo tiene. Un plan autoritario. Es la tentación totalitaria que anida en los colectivismos, para los cuales el individuo debe de someterse a la tribu. En este caso una tribu comandada por Arnaldo Otegi, de Bildu. Que es quien, junto a Rodríguez Zapatero, manda.
Colonizadas todas las instituciones, del CIS de Tezanos a la RTVE más sectaria de la historia, pasando por el Banco de España o cualquier organismo oficial, el siguiente paso es acabar con los medios de comunicación libres y con el poder judicial, que no debe de ser independiente, sino plegarse a los designios del presidente del gobierno. En ello están. El intento de desacreditar a los jueces es constante. Lo de Cándido Conde Pumpido de gravedad extrema. Tanto, que Europa ya está vigilando y vigilante. Convocan un Pleno Extraordinario para echar a periodistas del Congreso, se inventan el concepto “fachosfera” para desacreditar a quienes, cumpliendo con el deber del periodista, denuncian la corrupción. El PSOE ya no existe. Es el partido sanchista con vocación de partido único. Y Yoli que no se entera.
Nos jugamos la democracia. Algo que a los militantes socialistas, para quienes desde tiempos de Pablo Iglesias, el linotipista que no el de la colecta, la democracia es algo instrumental que solo debe de ser aceptado si sirve a los intereses del Partido. El totalitarismo y el complejo de Fourier que tan brillantemente describiera Ludwig von Mises ha colonizado el PSOE. Eso explica que la presunta corrupción que estamos conociendo, y lo que te rondaré morena, apenas penalice en las encuestas. Lo que va a provocar la gran caída del PSOE son las prostitutas. Sánchez, que lo sabe, montó recientemente un acto con mujeres muy machirulo. Un acto en el que aquellas que sabían desde hace años que había puteros y acosadores al frente del PSOE, rindieron pleitesía al macho alfa al más puro estilo de Kim Jong Un. Solo faltó que se llevase al evento a las meretrices que trabajan para su familia política. Las libres, que no las pobres sojuzgadas por el hermano de su suegro. Sánchez es todo mentiras. Todo hipocresía. Siempre lo fue.
Frente a esto, al final del fango socialista, aparece Alberto Núñez Feijóo, quien desde planteamientos liberales y de decencia podrá acabar con tanta infamia. Pero solo si los españoles deciden darle la confianza suficiente para gobernar en solitario. Porque, la verdad sea dicha, con este VOX, el de las deportaciones masivas que tiene asustadísimos a los hermanos hispanoamericanos que llevan años trabajando honradamente en España, no se puede ir ni a por agua. Pongámonos a ello. Sánchez o Libertad. Núñez Feijóo o autoritarismo.