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El escándalo de los negocios de la familia de Begoña Gómez crece y lo hará aún más: Sánchez noqueado

Moncloa guarda un silencio atronador. No desmiente las informaciones porque, sencillamente, son ciertas. Sánchez, mudo, ha delegado en sus ministros, altos cargos y el PSOE la tarea de contraatacar con un argumento falaz: que Feijóo ha cruzado una línea al atacar a la familia

Begoña Gómez, junto a Santos Cerdán, el pasado fin de semana en Sevilla.

Begoña Gómez, junto a Santos Cerdán, el pasado fin de semana en Sevilla.Europa Press

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Alberto Núñez Feijóo abrió el miércoles la caja de los truenos al confrontar a Pedro Sánchez en el Congreso con los negocios turbios de la familia de su esposa, Begoña Gómez, vinculada a una red de saunas y burdeles. La pregunta que resuena es por qué el líder del PP tardó tanto en sacar a relucir este escándalo, pero eso ya es irrelevante. La caja está abierta, y los detalles sórdidos que emergen agravan la crisis. Cada nueva revelación hunde más a Sánchez, que enfrenta una tormenta política sin precedentes.

Moncloa guarda un silencio atronador. No desmiente las informaciones porque, sencillamente, son ciertas. Sánchez, mudo, ha delegado en sus ministros, altos cargos y el PSOE la tarea de contraatacar con un argumento falaz: que Feijóo ha cruzado una línea al atacar a la familia de un rival político. Nada más lejos de la realidad. Sánchez ha hecho de los ataques familiares una práctica habitual, señalando al padre, al hermano y al novio de Isabel Díaz Ayuso, así como a la esposa de Feijóo. La hipocresía de Moncloa no engaña a nadie.

El escándalo no solo pone en jaque la credibilidad de Sánchez, sino que amenaza con desestabilizar su liderazgo. La ciudadanía, hastiada de los dobles raseros, exige respuestas. ¿Cómo puede un presidente que presume de ética permitir que su entorno esté salpicado por acusaciones tan graves? La falta de transparencia alimenta la desconfianza. Mientras Sánchez se escuda en el victimismo, los españoles reclaman claridad y responsabilidades.

Feijóo, por su parte, ha encontrado un filón político que explota con precisión. Cada nuevo dato que surja será un clavo más en el ataúd político de Sánchez. La oposición no cederá, y los medios seguirán desentrañando esta trama. Moncloa puede intentar desviar la atención, pero el daño está hecho. Sánchez, acorralado, debe decidir si enfrenta el temporal o sigue escondiéndose tras cortinas de humo. Una cosa es segura: este escándalo no desaparecerá pronto, y su onda expansiva podría cambiar el tablero político español.

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